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La Bitácora de Rafael Prieto Zartha

Rafael PrietoRafael Prieto Zartha es el director editorial de semanario Qué Pasa-Mi Gente de Charlotte, Carolina del Norte. Escribe una columna semanal que se distribuye y se publica a nivel nacional sobre inmigración y otros temas relevantes relacionados con la comunidad hispana. Durante sus treinta años de experiencia periodística en Estados Unidos ha trabajado en prensa escrita, televisión, internet y agencias de noticias. Ha estado vinculado a varias operaciones de medios de comunicación en español importantes en este país, incluyendo la agencia EFE, Univision, CBS Telenoticias, ECO-Televisa, Telemundo, Canal de Noticias NBC, Nuestro Tiempo (una publicación bilingüe de los Angeles Times), Noticias del Mundo y La Opinión. Originario de Colombia, ha vivido en Los Ángeles, Nueva York, Miami, Washington y Charlotte. En 2007 fue galardonado con el premio al mejor comentario editorial de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), un honor recibido por columnistas de The New York Times, The Miami Herald, The San Francisco Chronicle y The Detroit News. Además, obtuvo -en bronce- el premio José Martí de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) en la categoría columna editorial en 2007 y 2008, en el semanario Mi Gente, del cual fue director general. En el ámbito local, The Charlotte Observer y el Creative Loafing ha publicado sus artículos de opinión. El Observer lo seleccionó como uno de los "Siete a seguir en 2008", entre los líderes más influyentes de la ciudad. A Prieto le otorgaron, en 2011, un reconocimiento por pugnar por la justicia social, con motivo del cincuentenario de la creación del Comité de Relaciones Comunitarias de Charlotte-Mecklenburg Más en QuePasaNoticias.com: 

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La reculada

Todas las semanas hago todo lo posible para salirme del tema de Trump, pero el multimillonario se inventa todo el tiempo razones para cuestionarlo.

El pasado jueves 18 de agosto fui a su evento en el Centro de Convenciones de Charlotte, en el que observé situaciones que me resultaron pavorosas.

Además de sus halcones, tradicionales como el guarura que sacó a Jorge Ramos, de la conferencia de prensa en Nevada, me pareció ver a otro grupo que cumple el papel de chivatos.

Vi a media docena de hombres vestidos de negro, que recorrían el lugar.

Me recordó a gente que experimenté en Colombia, con las gafas negras, los trajes oscuros de terlenka y la  habilidad de croar como sapos.

Es más, para el imaginario latinoamericano se me asemejaron a los pájaros de la época de la violencia, como los del libro y la película Cóndores no entierran todos los días.

A los tipos que actuaron en Tlatelolco, en el 68, con los pañuelos y los guantes blancos en la mano izquierda.

A los parapoliciales que actuaron en Ezeiza cuando regresó Perón.

Por supuesto que en los eventos de Trump, no son lo mismo que esos días pavorosos de matanzas.

Aquí hay otro tipo de eliminación selectiva, que busca prevenir la actuación de posibles saboteadores.

Pero la premisa que usan estos buitres gringos esta tan equivocada como el mismo Trump.

Rose Hamid, la musulmana que habla español, es el ser más inofensivo del mundo en cuanto corazón para ser violenta.

Estos chulos manejan el estereotipo como verdad, y por eso sacaron al hindú del Centro de Convenciones.

Porque el muchacho era de pelos largos y tez cobriza.

Lo identificaron por la piel y las greñas, pero el muchacho era partidario de Trump hasta antes de la expulsión y ahora tienen un voto menos.

Sin embargo Trump, como siempre organizó un terremoto este fin de semana.

Rumió a un grupo de hispanos en la torre Trump, que tienen alma y corazón de cipayos.

Los entreguistas salieron convencidos que Trump estaba reculando de su nativista retorica migratoria.

Hubo los que pensaron que el magnate estaba abierto a una reforma migratoria y los medios no han dejado de hablar del asunto.

No obstante, la comunidad que no es tan farisea como sus dirigentes sí se acuerda que Trump es el peor enemigo de los latinos.

Ya nos ha dicho de todo, “asesinos, violadores, narcotraficantes”.

Y la misma semana en que organizó el cónclave con sus achichincles latinos, lanzó su primer video de inmigración, retratando a los indocumentados como unos delincuentes.

Trump es tan imbécil que nos cree imbéciles.

“Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao”.

Viendo CNN vi a la bella Helen Aguirre Ferré justificando al magnate, pero en la pantalla le salió al paso Ana Navarro, que sí es una persona de principios.

Da una rabia

Sé que me estoy volviendo un montón intolerante con activistas que han trabajado a favor de los inmigrantes y ahora tienen dudas de por quién votar en noviembre. Se lanzan en unas disquisiciones sobre la maternidad del cangrejo para justificar que le harán el feo a Hillary, sin entender la magnitud del problema que todos enfrentaríamos si Trump sale elegido presidente.
- Que van a votar por la verde o los libertarios por principios.
- Que Obama deportó a más de dos millones y Hillary va a ser igual.
- Que el asunto es de principios.
Acaso por principios vamos a  dejar al garete a los 11 millones de indocumentados.
Realmente están dispuestos a hacer un hueco en el porcentaje de votantes a nivel nacional a Hillary del 15 por ciento. No seamos tan pendiolos y seamos prácticos, resolvamos el asunto como debe ser.
¿Acaso no  está claro?
- Trump: deportación y derogación de la Acción Diferida para Soñadores (DACA).
- Hillary: Mantenimiento de DACA, lucha por el alivio para los padres de hijos ciudadanos (DAPA) y  lucha por la reforma migratoria integral.
Lo peor de los que dudan es que no se han leído los programas de Trump y de Hillary, y de los partidos republicano y demócrata.
Son clarísimos:
- Trump; antiinmigrante.
- Hillary: Proinmigrante.
- Republicanos, antiinmigrantes.
- Demócratas, proinmigrantes.
Un resumen de los programas de Trump y Hillary ya los publicamos en el periódico.
Y las plataformas completas  de inmigración del Partido Republicano y el Partido Demócrata también.
Los activistas tendrían que ser consecuentes con la causa de la gente que han defendido.
Los soñadores deberían prenderle una vela a San Obama, que los tiene libres de la deportación, con seguro social, permiso de trabajo y licencia de conducir.
Ese casi millón de soñadores debería ser agradecido con el hombre que les resolvió la situación  y dejarse de tonterías.
Ahora las encuestas están favoreciendo a Hillary y la estupidez de Trump ha hecho que se estrelle consigo mismo.
Pero en esta ocasión lo que está en juego es algo muy importante.
Es en lo práctico procurar que los indocumentados no sean deportados masivamente.
En los principios que le gane la tolerancia y la compasión, al odio y al racismo.
Recuerdo un día en Florida, a Lou Dobbs, cuando estaba en la cresta de la ola y en una reunión de la Asociación de Periodistas Hispanos, (NAHJ), le preguntaron sobre lo factible de deportar a 12 millones de indocumentados, y sin que le doliera un pelo, aseveró que “Sí”.
Trump piensa lo mismo y lo ha expresado públicamente.
El seguiría el modelo de Eisenhower, que barrió con millones de mexicanos en los cincuenta.
No juguemos con fuego que de pronto nos botan como perros.

Independiente del Valle

Cuando viví en Quito entre 1992 y 1993 solíamos ir con la siempre sonriente Andrea Cano, mi compañera de vivienda o “roomate” a Sangolqui, una bella localidad ubicada al sur de la capital ecuatoriana.

Andrea, mexicoamericana, oriunda de California, había hecho migas con una gringa que era pareja de un ecuatoriano extraordinario, que tocaba en la guitarra música de protesta y algunas andinas como “Ojos azules, no llorés”.

Tomábamos el autobús y parábamos en el parque principal a comer helados de paila, de esos sabores a las frutas típicas de la zona ecuatorial.

Así lamiamos desesperadamente helados de taxo o de naranjilla.

En esos fines de semana pasábamos las tardes, bebiendo cerveza Pilsener, en unos envases gigantes y comiendo unos cangrejos de rio pequeños, que vendían en las carreteras y las plazas de mercado amarrados en sartas.

Fui muchas veces a Sangolqui, pero nunca me enteré que tenía equipo de fútbol.

Escuché en los últimos años por la tele, que se mocionaba a Independiente del Valle, pero por un momento pensé, que se trataba de un equipo nuevo formado por algunos ricos del Valle de los Chillos.

Que equivocado estaba, porque Independiente del Valle, que nunca ha sido campeón de Ecuador, está a punto de convertirse en campeón de la Copa Libertadores de América.

El onceno había sido fundado a finales de los cincuenta, inspirado en el Independiente de Avellaneda, con sus colores y un escudo igualito.

Pero pasaron a la A, y le han propinado, en su humilde estadio de 8 mil espectadores palizas a Emelec de 5 a 0 y a Macará de 5 a 1.

Con un plantel que apenas pasa de 5 millones de dólares eliminó a Boca Junios y a River Plate de la Libertadores.

A Boca, en el segundo tiempo lo bailó en La Bombonera.

Todavía los comentaristas argentinos están hablando de lo que pica el pollo, para explicarse como fallaron los de la mitad mas uno, sin reconocer que simplemente Independiente del Valle, con su “look” de los ultimos años negriazul y fucsia, fue superior.

Los jugadores fueron más veloces y hasta le taparon un penal a Boca, dejando boquiabiertos a los bosteros.

En su carrera por la Libertadores han dejado fuera a los Pumas de la Universidad, y a Guaraní de Paraguay.

A los Pumas los derrotaron el 24 de mayo, fecha memorable en la historia ecuatoriana por ser el aniversario de la Batalla de Pichincha, con la que se selló la libertad de Ecuador.

Eso lo gritaron con mucho patriotismo los jugadores, en su mayoría jóvenes.Independiente del Valle lleva tres años seguidos participando en el torneo de clubes más importante del continente.

Independiente del Valle jugará con Nacional de Medellín el 20 de julio, que es el Día de la Independencia de Colombia, en Quito. Y el partido final será el 27 de julio. Le iré a Nacional, pero si ganan los sangolquileños les celebraré su tesón.

Y las nuestras sí que importan menos

Recuerdo hace cerca de un lustro las súplicas de dolor de Anastasio Hernández implorando a los agentes de la Patrulla Fronteriza para que dejaran de apalearlo, pero el hombre murió.

El incidente quedó grabado en video, con los lamentos del mexicano, y con las voces de transeúntes que pedían que no lo torturaran más, pero los autores de ese hecho quedaron libres.

En 2010, Sergio Adrián Hernández Guereca, de 16 años, fue ejecutado  por otro agente de inmigración que le disparó desde el lado estadounidense.

El video salió por televisión y fue viral en las redes sociales, pero nuestra justicia le decretó inmunidad al protagonista del crimen.

En febrero de 2015, en Pasco, Washington, la policía persigue al inmigrante mexicano Antonio Zambrano Montes y lo matan a balazos.

También, todo quedó registrado en video, pero al policía que disparóo lo declararon inocente.

Para ellos hubo una solidaridad de comunidades locales, pero nuestra gente no salió en masa a protestar por lo que en los videos se veía como claros asesinatos. No hubo movimiento nacional de que las vidas de los hispanos o los latinos importan.

Ni tampoco nadie de la comunidad salió a asesinar a las autoridades que ocasionaron las muertes. Y estos son solo tres de los incidentes que se me han venido a la mente.

Aunque existen antecedentes de ese trato policial, desde los años cuarenta en Los Ángeles hasta la serie de asesinatos de ecuatorianos en Long Island, en Nueva York, en la década pasada. En esos días pichones de la doctrina de Donald Trump, salían a cazar “ilegales”, para divertirse, como lo hicieron unos  jugadores de futbol  americano en 2011, cuando mataron a Luis Ramírez, en un pueblo de Pensilvania, no sin antes gritarle, “que le dijera a sus amigos mexicanos que se largaran, agregando una f de cuatro letras.

Pero nuevamente, únicamente hubo una solidaridad local. Nadie se fue para Filadelfia o Pittsburg, a paralizar una carretera. Realmente cuando asesinan a nuestra gente, la respuesta nacional es ninguna. Nos los matan y simplemente los vamos a enterrar o cremar.

Ayer un cable de EFE, contaba algo infame. Mientras ocurrían las muertes de los afroamericanos y de los policías, en el país asesinaban a cuatro hispanos en cuatro incidentes diferentes con las autoridades, “sin que estos casos hayan tenido repercusión nacional”.

Efe desglosa los casos de la siguiente manera:

El domingo 3 de julio, Raúl Saavedra Vargas, de 24 años, fue muerto a tiros por las autoridades luego de tratar de escapar de una detención de tráfico y dirigir su vehículo hacia el público que participaba en un festival local en Reno (Nevada).

En la noche del mismo domingo, en Fullerton (California), Pedro Erick Villanueva, de 19 años, perdió la vida cuando dos oficiales encubiertos le dispararon luego de que se negara a detener el vehículo que conducía.

El 5 de julio, en Yuma (Arizona), la policía dio muerte a Melissa Ventura, de 24 años, después de que, según los agentes, la mujer les atacase con un cuchillo cuando llegaron a su casa para investigar una denuncia de violencia doméstica.

Al día siguiente, Antonio Núñez, de 19 años, fue baleado por la policía en San José, en California. ¿Y entonces?

Libre

La muestra de que las autoridades de inmigración son gente sin corazón y sin sentido común fueron lo cinco meses y tres días que mantuvieron preso al joven salvadoreño Yefri Sorto.

Lo peor de las estancia del estudiante en las mazmorras de ICE en Georgia fue físicamente el frío, pero lo más malo fue la incertidumbre de no saber cuando podía salir de esa reclusión infame. Y lo que se sabe, pero no decimos siempre es que ICE y sus oficiales mienten.

Yefri confirmó que estaba sobre la parada del autobús escolar cuando lo arrestaron. Contó que estaba acompañado por un amigo, al que los vaqueros de la agencia de deportaciones le pidieron que se alejara.

El joven de 19 años dijo que los agentes de ICE le dieron la misma orden a quien conducía el autobús escolar.

La misma noche que me reuní por primera vez con los padres y madres de los jóvenes arrestados en Charlotte, en la última semana de enero, algo molesto, le dije a Bryan Cox, portavoz de ICE para Georgia y las Carolinas, que era el colmo que capturaran a estudiantes en las paradas de autobús.

Al día siguiente a las 7 de la mañana sonó el teléfono y era Cox, para decirme que sus oficiales habían afirmado que en el caso de Yefri la detención no se había hecho en la parada.

La noche anterior, le había hablado de tres casos, pero Cox se focalizó en el de Yefri y en repetir la “supuesta” política de ICE, de no realizar capturas en escuelas, iglesias y hospitales.

Yefri conversa con la voz quedita, bajita, pero sus frases suenan como cañonazos. Me contó que en la semana de su liberación llegaron alrededor de 500, muchachos al centro de reclusión de Lumpkin, procedentes del Sureste de Estados Unidos, de la frontera.
Pero nuevamente insisto en la falta de humanidad de los cowboys de ICE. Yefri, Pedro Salmerón, y el resto de los muchachos de Carolina del Norte han debido ser liberados en el primer momento que la congresista Alma Adams y su colega G.K. Butterfield lo solicitaron.

Adams envió el mensaje que esos muchachos pertenecen en los salones escolares, y no en la cárcel. ¿De que sirvió, la terquedad de los “valientes” de ICE, de arrestar a estudiantes?

Impedir que al menos cuatro jóvenes pudieran graduarse de la secundaria en la primavera pasada. Estos muchachos son jóvenes buenos que debían estar libres viviendo con sus familias, y buscando vías legales para ajustar su situación.

Pero a los oficiales de ICE se les caen las babas del gusto de combatir a la inmigración “ilegal” arrestando a inermes estudiantes.

Los vaqueros de ICE deberían encaminar sus esfuerzos a capturar a pandilleros, a verdaderos criminales.

No se ve bien que detengan muchachos inofensivos. Esas acciones les incrementan la fama que ya tienen de que son brutos.

Qué solo siguen la interpretación de la ley, como si fueran caballos o asnos con visores o tapaojos.

En el caso de los jóvenes centroamericanos no se han salido de un marco terco y estricto, pese a que las instrucciones del director de seguridad nacional les dan flexibilidad, y la última palabra la tienen ellos mismos. No obstante, es difícil tratar  de cambiar de opinión a gente que relincha y rebuzna con mucha propiedad.

Cuál es el compromiso

Me quedé de una pieza cuando la alcaldesa de Charlotte, Jennifer Roberts, y a la gerente de relaciones internacionales de la Ciudad, Alexis Gordon, dijeron que no se había asignado presupuesto municipal para hacer realidad las 27 recomendaciones que hizo el Grupo de Trabajo de Integración de los Inmigrantes (IITF).

¡Qué decepción!

Alguna vez que me encontré con el saliente administrador de la Ciudad, Ron Carlee, en el Museo Levine del Nuevo Sur, y le hice la misma pregunta: ¿Cuánta plata le van a invertir al asunto?

Carlee me dijo que había sido claro con el personal que supervisaba y que había señalado que las sugerencias del Grupo de Integración eran una prioridad. Sin comprometerse manifestó que en un futuro podría considerarse una partida para  el proyecto de los inmigrantes.

El presupuesto de la Ciudad de Charlotte es de 2.13 billones de dólares. Y yo tan inocente que apenas soñaba con que la Ciudad se gastara un milloncito en las recomendaciones.

Medio millón en una campaña publicitaria medio intensa y el otro medio en promotores de la iniciativa.

Pero todo va a cuanto pesamos los inmigrantes en la balanza.No valemos un centavo, si la Ciudad no se gasta un centavo en nosotros.

La realidad es esa. En nosotros se han hecho todos los esfuerzos para que de una forma avara no le costemos un penny.El asunto es poner a todos los departamentos a hacer un pedacito de las recomendaciones para que no representemos  un gasto.

El asunto es como para enojarse. ¿Cuánto gastan los inmigrantes en Charlotte?

¿Cuánto pagan en impuestos a las ventas?

¿Cuánto en taxes a la propiedad?

Y eso que vivimos los días dorados porque Jennifer Roberts es nuestra alcaldesa.

Reconozco sus esfuerzos para que más latinos sean contratistas de la Ciudad.

Su pedido para que haya hispanos que participen en las juntas y comisiones de la ciudad. Su acercamiento a la gente. Su esfuerzo para hablar cada vez un mejor español.

Lo que no acepto es que vea como natural que no exista una voluntad política de la ciudad en invertir en los inmigrantes.

Y también difiero en la enjundia para enfrentarse a ICE y exigirle a los encargados de la agencia de deportaciones, que no le vuelvan su ciudad en un yogur.

Siento que los medios en español nos hemos convertido en los loquitos del paseo.

Esto porque hablamos de cosas raras. De jóvenes detenidos. De madres con niños arrestadas.

Es mejor usar las gafas de color rosa y ver la vida y los problemas con esa óptica.

Poco a poco hemos subido el número de votantes. Algún día tendremos la oportunidad de pasar factura, con nuestros votos. De cobrarle a los tibios y a los indiferentes.

La perorata mía de hoy es simplemente para entender cuál es el nivel de compromiso de una funcionaria como la alcaldesa con la comunidad latina. Porque la posición de la ciudad se torna fastidiosa: “llamemos a esta gente para que  haga el trabajo, haga los sacrificios. Y todo  ese proyecto maravilloso de las recomendaciones salga gratis.

Narcos

Me tiene embejucao, desde hace días uno de los comentaristas de deportes de Univision, de la Copa Centenario al que se le ha dado por ser graciosito e imita el acento paisa para anunciar que la serie de Netflix Narcos, se transmitirá en la cadena de la U.

Lo he sentido con un espíritu de matraquilla que con su mamadera de gallo, realmente le falta el respeto a todos los colombianos que han muerto combatiendo esa terrible desgracia que es el narcotráfico.

Ese periodo horrible de la guerra del Cartel de Medellín contra el estado no es un chiste para que un payaso lo convierta en una payasada.

Por cierto que la serie de Netflix, con todos los premios que ha obtenido es un fraude.

Y es un fraude porque se aleja tanto de la verdad histórica, como la película El Libertador que produjo el chavismo para meter inquina entre los países. Pero Narcos es peor porque la  historia está fresca.

Los colombianos de la colombianización de Univision, Isaac Lee, Daniel Coronell, Félix de Bedout, Ilia Calderón, deberían informarle a la casa matriz, que Narcos se aleja tanto de la realidad, como para incluir un pedacito de platillos voladores y zombis en la serie.

Deberían solicitar que la serie se presente con una aclaración, con un “disclaimer”, que diga que la obra no es autentica.

Esta protesta no la hago con un sentimiento patriótico reblandecido.

Yo soy de los que cree que a Colombia y a los colombianos nos corresponde parte de la culpa de la existencia del narcotráfico.

Yo no comulgo con el cuento que si los gringos la consumen allá ellos.

Sí tenemos la culpa, porque de los más de 200 países del mundo, el nuestro se especializó en cocaína.

¿Por qué  no dejarle ese mérito  a alguno de nuestros vecinos? ¿Por qué no a un país de África o Asia?

No tememos excusas
El narcotráfico trajo a Colombia los síndromes del avión y de la guaricha.

El avión, que es el avivato, el indelicado, el matón.

La guaricha que es la que no produce pero se agrega y se disminuye pedazos de carne.

El narcotráfico fue el que impuso el concepto que los vivos eran unos señores y los honrados unos imbéciles.

Que era preferible llevar una ametralladora para imponer la ley, que los códigos.

Idem para las mujeres, preferible un bandido con plata, que un profesional decente.

Pero el dineral mal habido del narcotráfico, no logró doblegar a toda la sociedad colombiana, y el asesino de Escobar murió en su ley.

Pero el daño que hizo fue inmensurable.

Con la caterva de asesinos, mató a tres candidatos presidenciales en una sola campaña.

Cuestionando a los narcos mataron a don Guillermo Cano, director del diario El Espectador, a quien conocí.

Mataron a los integrantes de la Corte Suprema de Justicia.

Mataron a los jueces, a los procuradores.

A los policías que iban a trabajar a Medellín.

Se calcula que los narcos ocasionaron 20 mil muertos en los últimos 30 años.

Escobar mataba a las chicas que se acostaban con él.

Pero esa historia está trastocada  en la serie de Netflix.

Los que quieran acercase a la realidad, sin que la obra sea inmaculada, deben ver; Escobar El Patrón del Mal, dolorosa pero dice la verdad sin tapujos.¡Abajo Narcos!

No sea miserable

Señor presidente Barack Obama no sea miserable. Nosotros los hispanos votamos por usted dos veces.

De acuerdo con el Centro Hispano Pew, sufragamos por usted en un margen de más de dos por uno respecto al senador McCain.

En 2008, nuestro respaldo fue de 67 por ciento a favor  suyo contra 31 por ciento para el aspirante republicano.

En 2012, fuimos aún más generosos con usted, lo favorecimos con 71 por ciento de la votación latina mientras que el exgobernador Mitt Romney solo recibió 27 por ciento.

No sea desagradecido con nosotros e impida que sus subordinados del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) se ensañen con las mujeres centroamericanas que llegaron con niños por la frontera con México, después del 1 de enero de 2014, a las que han dicho que van a capturar en los próximos días.

No nos comemos el cuento del DHS que las madres que entraron con hijos después de ese año tengan que ser una prioridad de deportación.

Realmente esas personas, que están huyendo de la terrible ola de violencia que se vive en El Salvador, Honduras y Guatemala, no son los enemigos de Estados Unidos y tampoco representan un peligro para la seguridad nacional.

El proyecto TRAC de la Universidad de Syracuse, ha establecido que entre julio de 2014 y diciembre de 2015, se expidieron 18,607 órdenes de deportación contra esas mujeres, en las 55 cortes de Inmigración afincadas en territorio continental del país.

De esas órdenes de expulsión, un total de 16,030, el 86 por ciento, fueron emitidas sin que las madres se hubieran presentado en corte, o estuvieran respaldadas por representación legal.

También resulta que como objetivos del DHS y de ICE estarán nuevamente los jóvenes que ingresaron solos por la frontera con México después del 1 de enero de 2014, cuando eran menores, de edad y ahora ya han cumplido más de 18 años.

Para esos muchachos, según cifras del la Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración (EOIR), del 18 de julio de 2014 al 26 de enero de 2016, se expidieron 10,142 órdenes de deportación, de las cuales 8,912 fueron emitidas en ausencia.

En la ciudad donde yo vivo, Charlotte, los oficiales de ICE sembraron el terror en los vecindarios latinos a finales de enero y principios de febrero.

Se dedicaron a arrestar a estudiantes centroamericanos en los paraderos de sus autobuses escolares o en los autos en los que se desplazaban solos o con sus padres. Y lo mismo hicieron en varias ciudades de Carolina del Norte.

En uno de los casos, a un guatemalteco le rompieron la boca, delante de su padre.

Se lo puede preguntar a la congresista Alma Adams, a quien ICE no le ha hecho caso para que le suelte tres muchachos de su distrito.

Adams ha dicho que estos jóvenes pueden corren peligro de muerte si son regresados a sus países.

Ella consiguió el dato que 83 personas que fueron deportadas de Estados Unidos al Triángulo Norte de América Central desde 2014 fueron asesinadas a su regreso.

Presidente, los que mandan realmente en ICE, son los cowboys de la era de Bush, que están que se babean de las ganas de arrestar a las madres. ¿Por qué  no se lanzan a arrestar a verdaderos criminales y no a familias inocentes?
 

La hora de la verdad

No hay dudas, el contendor a vencer en noviembre es Donald Trump, y es un adversario formidable.

Se llevó por delante a 16, a estrellas de la política, a delfines inteligentes, a zorros astutos y al aparato del Partido Republicano.

En los hangares de los aeropuertos lo esperan 5 mil, 10 mil, 20 mil de sus seguidores a los que les hace gritar, “México’, después de  preguntarles: “¿quién pagará por el muro?”.

Trump se comportará como un tren bala, como los tanques alemanes en la Segunda Guerra Mundial, como una aplanadora.

Le irá con todo a Hillary, la insultará, la vejará y se declarará víctima cuando le aseste golpes.

El problema es que esto que parecería una pesadilla, un cuento de comiquitas, un chiste de pésimo gusto, es una realidad.

Ante la horrenda realidad, no tenemos otra opción que contar con nosotros mismos.

Pedirle ayuda a los superhéroes será inútil, a lo mejor todos están comprados por Trump: Superman, Batman, la Mujer Maravilla, los vagabundos y las vagabundas de Las Vegas.

Tampoco es útil llamar al  Chapulín Colorado, porque Trump anticipó que podía contar con su propia astucia.

Pero lo que no podemos hacer es quedarnos mudos ante los hechos y ver pasar las comparsas de Trump, sin siquiera escupirle a escondidas la comida, gritarle con el aliento de multitudes: “payaso” o mentarle el 10 de mayo.

Y lo que definitivamente se tiene que hacer es votar.

Imposible que todos los insultados se queden quietos.

Los mexicanos, a los que  calificó de violadores, delincuentes y narcotraficantes.

A las mujeres a las que las ha llamado “cerdas gordas”, “perras” y “animales desagradables”.

A los musulmanes a los que quiere suspenderles la entrada en el país.

A los discapacitados, cuando imitó al periodista con problemas motores.

A  los 12 millones de indocumentado a los que afirma que deportará.

A los chinos.

A los hindúes, a los que le imitó el acento como cuando contestan en un centro de llamadas.

A los periodistas, a quienes nos ha dicho que somos lo peor de la humanidad.

A los afroamericanos.

A los puertorriqueños, dado que se ha negado a salvar a la isla de la crisis económica.

A los veteranos que fueron capturados en combate, como el senador John McCain, al que descalificó.

Pero Trump es como uno de eso reptiles a los que se les corta la cola y esta le vuelve a salir.

La clave va estar en la movilización, en votar, insisto nuevamente.

Para los hispanos, para los latinos es imperioso participar electoralmente.

Nadie puede dejarse obnubilar con la foto de Trump a punto de deglutir un plato neomexicano y el cuento  del mensaje que “ama a los hispanos”.

Al contrario, se tiene que hacer mofa de sus imbecilidades y retar cada afirmación mentirosa.

Insisto  en que Trump ha sido un adversario formidable y se deben exponer sus relaciones comerciales non santas con la mafia y sus fracasos económicos.

Ahí tienen que figurar las bancarrotas de sus empresas y  tinte para el cabello.
 

No claudicaré

El tiempo inexorable lo pone a reflexionar a uno, cuando los cambios son evidentes en la fisonomía propia.

La cara se me llena de pecas de la edad, los párpados se caen como unas cortinas mal ajustadas, la papada parece la del papa, la piel rebelde se vuelve más delicada, las llantas no se dejan dominar, y cada vez  los  sentidos de la vista y el oído decrecen con rapidez.

Pero independientemente que 20 años sí sean mucho, definitivamente se tiene que nadar con energía y optimismo contra la corriente de la avalancha que nos plantea el reloj en contravía.

Como casi siempre las cosas salen mejor cuando las expectativas son menores.

Se me perdió la cuenta de la cantidad de recordatorios de mi raudo y veloz avance hacia la otra generación de pañales.

Pero yo le trato de hacerle trampas al destino, y reír, y creer que el mundo es mejor de lo que pensamos.

Que digan lo que digan son muchos más los buenos que los malos y que se tiene que vivir la vida día a día.

Al menos así lo recomienda mi maestro de cabecera, Joaquín Sabina que le hace una oda a la existencia y a las  obligaciones, tomándose  una copa de Viudita de Clicquot.

A los quince los cuerdos de atar me cortaron las alas,
a los veinte escapé por las malas del pie del altar,
a los treinta fui de armas tomar sin chaleco antibalas,
Londres fue Montparnasse sin gabachos… Atocha con mar.
A los cuarenta y diez naufragué en un plus ultra sin faro,
mi caballo volvió solo a casa, ¿qué fue de John Wayne?
Me pasé de la raya con tal de pasar por el aro,
con 60 qué importa la talla de mis Calvin Klein.

Y es la verdad, llega un momento del calendario en el que las situaciones se manejan de una manera diferente, con más cerebro que con hígado.

Pero a lo que nunca voy a renunciar es a los principios y a la defensa de la comunidad más inerme que vive en el país, la de los inmigrantes, que carecen de estatus.

Han pasado 10 años de las manifestaciones que hicieron vibrar a millones en las calles y los parques de Estados Unidos. Y en ese campo hay que dejar los estragos del tiempo a un lado.

La guerra sigue y algunas veces parece una guerra perdida.

Los nuestros a veces no colaboran y cometen barbaridades imposibles de negar.

Pero como lo explicaba clarito, no nos podemos arrugar.

La lucha por la reforma migratoria deberá de continuar.

Ojala, la Corte suprema se pronuncie a favor de los cuasi sardinos y de los padres indocumentados que tienen hijos ciudadanos.

Ojala se le pueda poner un pare a ICE, para que no deporte más a los jóvenes centroamericanos.

Es realmente inmoral que admitamos en el país a otras comunidades, mientras le cerramos las puertas a salvadoreños, hondureños y guatemaltecos, cuando se está viviendo el tipo de violencia, que experimenta Centroamérica.

Tenemos que elevar nuestras voces contra lo que es una injusticia.

Tenemos que decirle a las autoridades que los combidados de piedra de 2014 merecen una nueva oportunidad sobre la Tierra.

Salve oh Patria

Fue un año imborrable en el que todos los sábados cumplía el rito imprescindible de ir al Rincón Manabita, en Quito, cerca de la Plaza de Toros a disfrutar un ceviche de conchas negras, acompañado por una Pilsener.

La fórmula para aliviar el chuchaqui, era contrarrestarlo con una cerveza embasada en una botella tamaño familiar.

El lugar estaba en el norte, en Jipijapa,  donde los chullitas quiteños libaban, libábamos, manzanilla apretando las botas de piel en los días de Jesús del Gran Poder.

Conocí Guayaquil, pero nunca estuve en Manta, Portoviejo o Caráquez, pero ocasionalmente una vecina manabita de ojos grandes, preciosos, me invitaba a degustar unos langostinos inmensos, que parecían langostas.

En el Atahualpa vi jugar a Emelec, Barcelona, Nacional,  y la Liga.

No recuerdo al Delfín, tal vez había bajado a segunda.

Me faltan tarsos y metatarsos, para contar la gente que fue buena conmigo en Ecuador, en el año de los quinientos años, cuando los manifestantes en contra de los españoles gritaban: “Colón invasor, Pizarro ignorante, Rumiñahui luchador”.

Y yo el 12 de octubre de 1992, parado en medio de la Plaza de San Francisco, miro para todos los lados, y encuentro que en ese precioso lugar no hay una piedra, un adoquín, una pared, una cúpula, que no sea pura, bella, arquitectura española.

En el Coliseo Rumiñahui, pasé cuatro horas parado escuchando al unísono  las canciones de los kjarkas, que sacaban del pecho 16 mil personas.

Yo había visto a los Rolling Stones en el Memorial de Los Ángeles. A los Bee Gees y a Michael Jackson en el estadio de de los Dodgers.

Pero lo de ese día en Quito fue incomparable, al ritmo de las quenas, zampoñas y charangos.

“Ojos azules, no llores”, “Ya me voy de este pueblo de carpuela”, retumbaron, en una cadena de obras de música andina que no dejaban de parar.

Yo alcancé a tener corazón ecuatoriano, y todavía se me pone la piel de gallina, cuando escucho “Salve, oh Patria, mil veces oh Patria, gloria a ti, gloria a ti”.

Por eso hoy me duele Ecuador, Me duele por el devastador terremoto, que ha cegado vidas.

Desde el sábado me he encontrado con mensajes de  amigas y amigos que hace añales que no veo, anunciando por Facebook que están bien, que están seguros.

Desde que ocurrió el sismo  intenté ver los detalles en  Ecuavisa Internacional, pero estaba la programación regular.

Intenté horas después y ahí estaban esas imágenes que parten el alma.

La destrucción de Portoviejo, la tierra de Othon Castillo, un ya fallecido colega de La Opinión de Los Ángeles.

El drama humano en Pedernales, los puentes caídos en Guayaquil.

Insisto en que me duele Ecuador y especialmente la Costa.

Aquí en Charlotte, están afincados miles de manabitas y guayasenses, que deben tener el corazón en vilo por el impacto del movimiento telúrico  en sus terruños.

Para todos, mi solidaridad.

La reconstrucción no será fácil y hago votos porque el número de víctimas fatales no  se incremente.

La reacción de consternación y respaldo ha sido evidente en las redes sociales.

Salve oh Patria, mil veces oh Patria.

Narcocorridos

Tengo que reconocer que mi gusto musical dista mucho de los ritmos gruperos mexicanos.

Mi afinidad con la música del vecino país está en el acervo de Agustín Lara,  Javier Solís, Pedro Vargas, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez,  Pedro Infante, Miguel Aceves Mejía con los que me crié, escuchándolos en la radio.

Igual estuve influenciado por los rockeros los sesenta,  Alberto Vásquez, César Costa y Enrique Guzmán.

De los tiempos más cercanos infaltable está José José, cuyo Gavilán o Paloma, sonaba en todas las discotecas, en 1978, cuando tuve el privilegio de permanecer un tiempo en la región más transparente.

Recién llegado a Estados Unidos me acostumbré a ver Siempre en Domingo, por donde pasaron desde Emmanuel hasta Luis Miguel.

No perdía a las Flan o a Fey.

Con el tiempo he reducido  el radio de los cantantes que prefiero.

Entre mis gustos, que casi nada tienen que ver con el paladar auditivo de los charlotenses hispanos, están Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, y Andrea Bocelli.

Las cicatrices que me han dejado el corazón maltrecho me hacen buscar con nostalgia canciones específicas como “Mi historia entre dedos”, “Deseos de cosas imposibles”, “Tantos deseos de ella”,  “La otra España” y “Ay amor”, esta última de María Martha Serra Lima.

Y cuando la vida me trae un halito de felicidad, me da por tararear “No sonríes como antes”, del grupo uruguayo Moby Dick.

El reguetón lo aguanto poco, y no sé qué diría en una resurrección Rafael Hernández Colón, autor de “En mi Viejo San Juan” y “El Jibarito”, sobre la música que impera comercialmente en la Isla del Encanto.

El tecno y sus similares me provocan dolor de cabeza, la repetición de las notas, se me asemeja a la tortura china de la  gota cayendo en la cabeza, cada cierto tiempo.

Pero para lo que no tengo paciencia es para los narcocorridos, que se han hecho ultrapopulares en Charlotte.

He estado en todo tipo de fiestas, y los que colocan la música le apuntan a unos temas macabros, de balaceras, asesinatos, torturas y trasiego de drogas que lindan en lo asqueroso.

Sé que me van a mandar a la punta del cerro con mi queja, pero ¿será que se puede hacer algo?