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Ismael Cala

Perder el miedo a la diferencia

Más de 7.400 millones de personas influyen en tu vida, pues esta es la cifra que redondea la población mundial. Gracias a internet, vivimos en un mundo plenamente globalizado.

Nuestra área de desarrollo ha sobrepasado “el barrio” o la familia. Nos vemos influenciados por personas a las que no conocemos, pero que a veces “envidiamos” a partir de las imágenes que suben a las redes sociales. No olvidemos que se trata de fotografías que muchas veces están preparadas para transmitir una vida perfecta o idílica, que nos hace dejar nuestras verdaderas metas para fijarnos en los sueños de otros.

Un estudio británico (de la aseguradora Schofields) ha resuelto que el 40% de los jóvenes, de entre 18 y 33 años, decide su destino de vacaciones basándose en Instagram. No solo influye lo que vemos, sino también lo que queremos reflejar.

La investigación concluye que los millennials planean los viajes pensando en cómo quedarán las fotos en la red social.

Durante un instante de la vida, visualizamos nuestras verdaderas creencias y metas. Después, estas quedan diluidas en una mezcla de opiniones ajenas que adoptamos como propias. A esto lo llamo “huracán de presión social”, una de las etapas de “La arquitectura del ser”, donde el ser humano cae en la disolución de su propia identidad. Este tema lo abordaré en profundidad en el seminario “Maestría de vida”, en julio en Panamá.

El genio Albert Einstein señalaba: “La persona que sigue a la multitud normalmente no irá más allá de la multitud. La persona que camina sola probablemente se encontrará en lugares donde nadie ha estado antes”.

Necesitamos el apoyo de personas de confianza para alcanzar el éxito. Sin embargo, para transformarnos en seres excepcionales, debemos perder el miedo a la diferencia. En una multitud uniforme, nadie innova ni crece.

Un estudio publicado en la revista “Journal of Consumer Research” desvela cómo actuamos, según las personas que nos rodean. Esto tiene un doble filo: puede ser positivo o negativo. La investigación asegura que una persona resiste más una tentación —como saltarse la dieta— si tiene el apoyo moral a su alrededor. No obstante, también los demás pueden convertirnos en cómplices de una mala actuación.

Siempre es buen momento para reevaluar nuestras creencias y valores. Y ser conscientes de si son fieles a nosotros o si dependen del influjo de otros. Como decía la escritora Louisa May Alcott, “hasta las personas más insignificantes ejercen cierta influencia en el mundo”.

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¿La tecnología afecta nuestra capacidad de reflexión y memoria?

El cuerpo está liderado por nuestro órgano más importante, el que rige cada paso de la vida. Recientemente, leí una entrevista con el catedrático de psiquiatría Manfred Spitzer, autor de “Demencia digital”, quien alertaba sobre los riesgos de las nuevas tecnologías. Es una evidencia que hemos desechado las páginas, para sustituirlas por pantallas. Las nuevas generaciones se han adaptado a los dispositivos, desde el teléfono que les despierta cada mañana hasta la lectura en ebooks, pasando por la dependencia de los smartphones y las redes sociales. Esta relación constante con los dispositivos puede provocar ralentización cerebral, pues, según Spitzer, perdemos capacidad de reflexión y retención de memoria.

Es fundamental mimar al máximo a nuestro órgano líder. La neuroplasticidad es una característica que posibilita potenciar el cerebro, con ejercicios diarios de memoria o agilidad mental. Un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, publicado en la revista “Cortex”, asegura que nuestra capacidad cardiorrespiratoria está directamente relacionada con la memoria. Los investigadores han resuelto que las personas con una alta resistencia obtienen un mayor dinamismo mental.

Así se cumple el refrán: “cuida tu cerebro, que tu cerebro cuidará de ti”. La atención debe procurarse desde la infancia. Debemos ser conscientes de que el cerebro es una especie de músculo que podemos entrenar para desarrollarlo. Es más, la Universidad del estado de Michigan ha desvelado que los niños que creen que la inteligencia puede crecer, prestan más atención y se recuperan de sus errores de manera más efectiva que los que piensan que la inteligencia es fija.

La investigación, que midió las ondas cerebrales de los participantes, sugiere que maestros y padres deben ayudar a los niños a prestar más atención a los errores que cometen, para que aprendan mejor sobre ellos, en lugar de alejarse o ignorarlos. El líder del estudio, Hans Schroder, recomienda a padres y maestros que enseñen a los pequeños a ser responsables de sus errores y a convertirlos en oportunidades para aprender.

Por muchos años más, los investigadores continuarán desentrañando los misterios del órgano más desconocido: el cerebro. Mientras, estamos obligados a estudiar y gestionar mejor las oportunidades ilimitadas de la mente.

Mejor hoy que mañana

Los seres humanos somos una consecución de avances físicos e intelectuales. Las innovaciones científicas nos han permitido ampliar la esperanza de vida y los médicos nos indican nuevos hábitos para estar más sanos.

Sin embargo, con el paso de los años, mantenemos muchas rutinas. Una prueba es el artículo “Vuelva usted mañana”, escrito en 1833 por el famoso periodista español Mariano José de Larra, que destaca cómo las personas tendemos a procrastinar nuestras obligaciones, sumidos en la pereza. No hemos cambiado tanto, ¿no?

Los expertos plantean que la procrastinación es uno de los grandes problemas de la educación. El psicólogo Tim Pychlyl, de la Universidad de Carleton (Canadá), subraya que mantener tal hábito puede incidir en el abandono escolar y en la salud física y mental. Precisamente, el poeta británico William Cowper aseguraba que “una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado”.

Un estudio realizado por Jean Daunizeau y Marie Devaine, del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de París, trata de demostrar qué nos motiva a cambiar de actitud.

Los expertos descubrieron que mantenemos dos tendencias. Por una parte, asumimos como propias las creencias de otras personas. Por otra, existe una gran influencia social que nos hace cambiar de pensamiento y asimilar el de quienes nos rodean. Así, cuando vemos que otros se muestran falsamente exitosos, a pesar de procrastinar, o si tenemos la presión de amigos para aletargar una tarea, asociamos que la pereza no es negativa.

La Universidad de Harvard realizó el pasado año un informe en el que proponía dos consejos para evitar procrastinar. Primero, hacer una lista de pros y contras en la que evaluemos las consecuencias de dejar una tarea para más adelante. Y segundo, automotivarnos, darnos pequeños premios cuando terminamos una tarea que detestamos.

Me gustaría añadir otros dos tips: crear fechas límites, en las que impliques a otra persona, y mezclar las obligaciones que te apasionan con las que dejarías pasar; de tal manera que, cada vez que termines con una tarea que puede haber afectado a tu estado de ánimo, la siguiente te ayudará.

Podemos continuar con la evolución del ser humano, adoptando nuevos hábitos que potencien nuestro desarrollo personal. La sociedad debe recordar aquel “vuelva usted mañana” como una anécdota de un modo de vida anticuado.

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Compartir es progresar

El arte de compartir, además de ser una herramienta fundamental en el camino hacia la abundancia, se ha convertido en un pilar de la propia existencia humana. Un equipo de investigadores ha publicado en la revista Nature Communications que nuestra especie se habría extinguido si el egoísmo reinara entre las características de los seres humanos.

La virtud de compartir se aprende con el tiempo y se desarrolla gracias a la empatía. Precisamente, un estudio de la Universidad de Zúrich (Suiza) asegura que la empatía provoca altruismo en las personas egoístas, debido a la activación de determinadas conexiones cerebrales.

De tal manera, como hemos hablado en numerosas ocasiones, la neuroplasticidad nos permite entrenar el cerebro como un músculo más. El aprendizaje de las diferentes habilidades relacionadas con el arte de compartir favorece la creación de hábitos.

En ocasiones erramos al pensar que, para alcanzar nuestros sueños, debemos olvidarnos de ayudar a los demás a cruzar su meta. El egoísmo es en realidad una señal de debilidad ante el miedo a realizar ciertos sacrificios. Desarrollar una mentalidad de abundancia, en cambio, nos acerca más hacia el éxito y la excelencia.

El filósofo ateniense Demetrio de Falerea decía que los “amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega y nuestra desgracia sin ser llamados”.

Enseñar a los niños desde edades tempranas es un proceso lento, pero fundamental, y uno de los objetivos de mi cuento infantil (bilingüe e ilustrado) “La piñata mágica”, recientemente publicado.

¿Qué técnicas podemos enseñar a los pequeños en este sentido?

  • Anímale a regalar juguetes o dibujos a sus amigos.
  • Enséñale a compartir las cosas de su entorno y a jugar en grupo, para favorecer también su capacidad social y empática.
  • Hazle consciente de la realidad de otros niños en circunstancias más complicadas.
  • Recuérdale que las cosas de la casa pertenecen a toda la familia, y debe compartirlas.
  • Como también nos sucede a los adultos, habrá juguetes por los que sienta un significado especial y no desee prestarlos. Es normal. Ayudémoslo a gestionar tales significados, sin exagerar.

A partir de los 24 meses, los niños experimentan una fase en la que comienzan a considerar sus juguetes como parte de su propiedad. Este es un buen momento para enseñarles que no seremos capaces de progresar si no compartimos con los demás. www.IsmaelCala.com
 

Siete pilares para una vida en equilibrio

Hace poco tuve la oportunidad de volver a ver la película “La cuerda floja”, de Robert Zemeckis. Está basada en la historia real del funambulista francés Philippe Petit, quien llegó a cruzar las torres gemelas sobre un pequeño cable, un reto nunca antes realizado.

Observando a Philippe sobre el cable, recordé que, de un modo u otro, todos transitamos sobre una cuerda, tratando de no caer al vacío. Nuestra vida sería ese camino frágil sobre el que caminamos, intentando no caer a lo más profundo.

Si Philippe sujetaba una gran pértiga, nosotros hacemos malabares con los aspectos más importantes de nuestro día a día. Con los brazos abiertos, movemos y gestionamos siete aspectos de la vida, algunos más delicados que otros. Pero no podemos dejar que caigan, porque algunos son irrecuperables.

Una frase de la película dice: “La mayoría de los equilibristas mueren al llegar. Creen que han llegado, pero siguen en la cuerda. Si te faltan tres pasos y los das con arrogancia, si crees que eres invencible, vas a morir”.

A veces caminamos con la confianza de que controlamos todos los pilares de nuestra vida. Así, acabamos tropezando con las pequeñas piedras, que somos incapaces de ver, y descuidamos las siete bolas de cristal más importantes con las que cruzamos la cuerda floja de la vida.

¿Cuáles son? Mente y espíritu, salud y cuerpo, amor y relaciones de pareja, familia y hogar, amigos y vida social, finanzas, y tiempo para ti.

El funambulista asegura: “No puedo acabar mi caminata en un momento de duda con los hombros caídos y la cabeza gacha. Decido que solo dejaré mi cable y mis torres victoriosamente”. Nosotros tampoco podemos renunciar al éxito.

Como explico en mi nuevo libro “Despierta con Cala”, si miramos hacia abajo, nos aterramos ante la visión del abismo y tomamos conciencia del vacío al que podríamos caer. Ésa es la incertidumbre, porque, en la vida, el que no está dispuesto a abrazar la incertidumbre y los cambios constantes, tendrá que quedarse encerrado en su casa. No crecerá.

La vida no es cosa del azar. Nuestras decisiones determinarán con qué actitud afrontaremos los desafíos del futuro y la intensidad de los temblores al pasar la inevitable cuerda floja. Mi recomendación es continuar hacia adelante, con equilibrio, paso firme y determinación.

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Libérate con el mindfulness

¿Cuál es tu nivel de estrés? De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 15% de los ciudadanos vive con depresión, una tasa muy alta. Además, la OMS también asegura que la ansiedad afecta más a las mujeres que a los hombres.

Vivimos en una época en la que las horas han cambiado su significado. Cada día pasamos menos tiempo en casa o tenemos menos minutos para nosotros. Las nuevas tecnologías han provocado que dependamos de las pantallas, a las que miramos cada poco tiempo, por miedo a que nuestro día cambie como consecuencia de un email o notificación.

Nos volcamos en los demás, a veces por necesidad de aceptación social y en ocasiones porque somos capaces de desarrollar el arte de la abundancia. Pero nos hemos olvidado de una de las personas más importantes en nuestras vidas: nosotros mismos.

Mirar hacia dentro no es egoísmo. ¿Cómo podremos ayudar a los demás si no sabemos progresar nosotros? Escuchar lo que nuestro interior quiere decirnos, puede ayudarnos a descubrir nuestros verdaderos sueños, eliminar las falsas creencias que nos ha impuesto la sociedad e, incluso, descubrir si le sucede algo a nuestro cuerpo.

He aprendido que el mindfulness puede realizarse en cualquier momento. Se trata de una práctica cada vez más en boga, instaurada en el ámbito de la medicina hace más de 30 años por el científico Jon Kabat Zinn. El ejercicio de atención plena fomenta nuestra productividad, no solo a nivel laboral, sino en nuestra vida diaria.

El francés La Rochefoucauld señalaba que “un hombre que no encuentra satisfacción en sí mismo, la buscará en vano en otras partes”.

La concentración plena nos ayuda a dominar la mente. Una de las formas más comunes de practicarla es a través del yoga o la meditación. Sin embargo, se puede adaptar a las rutinas diarias ya implantadas en tu vida. Por ejemplo, durante el running, una música activa pero relajante puede ayudarte a la concentración. También en algo tan básico como fregar los platos, un ejercicio mecánico que puedes aprovechar para mantener un diálogo contigo mismo y reflexionar sobre tus hábitos.

Aldous Huxley, escritor de “Un mundo feliz”, aseguraba que “solo hay una pequeña parte del universo de la que sabrás con certeza que puede ser mejorada, y esa parte eres tú”.

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Cinco hábitos para superar el analfabetismo emocional

Desde hace años, trabajo cada día en el análisis de las emociones que gestionan nuestras vidas. Estoy convencido de que la inteligencia emocional nos aporta el equilibrio perfecto entre razón y corazón. Un estudio de la Universidad Rawalpindi, de Pakistán, señala que existe una relación positiva entre la autoestima y la inteligencia emocional.

El filósofo estadounidense William James explicaba: “El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden cambiar sus vidas al cambiar sus actitudes mentales”. Sin embargo, como toda gran meta, es complicado llegar a la excelencia.

  • Usa las emociones en tu beneficio – Maneja tu estado de ánimo, con el fin de encajar mejor en una tarea. Por ejemplo, la alegría puede estimular el pensamiento creativo e innovador. Además, como explico en mi libro “El analfabeto emocional”, también debemos detectar y descifrar las emociones a partir del lenguaje no verbal. Así se puede determinar cómo abordar ciertas situación para alcanzar una solución positiva.

Para superar el analfabetismo emocional, debemos:

  • Ser positivos y transmitirlo - No te involucres en chismes tóxicos que puedan crear conflictos con amigos, familiares y compañeros. Las personas demasiado dramáticas pueden ser un drenaje emocional en nuestras vidas. Sin embargo, también debes estar dispuesto a decir “no”, pues debemos establecer prioridades.
  • Reflexionar – Evita actuar rápido, movido por las emociones instantáneas que provocan las circunstancias. Debemos responsabilizarnos, sin culpar a otros por nuestros problemas o malas decisiones.
  • Visualizar alternativas – Gracias a la reflexión, podemos mirar con perspectiva y analizar lo que se ha desviado del camino y cómo lo podemos mejorar.
  • No dejar que el miedo nos limite – Nuestro cerebro está acostumbrado a conocer el paso siguiente. Nos volvemos previsibles. Al salir de la zona de confort, nuestra mente teme no conocer qué va a suceder. Encarar el futuro con una actitud positiva nos ayudará a convertir los obstáculos en oportunidades.

El experto Daniel Goleman asegura que “al menos un 80% del éxito en la edad adulta proviene de la inteligencia emocional”.

Cuando dejamos de ser analfabetos emocionales, usamos la mente y el corazón para solucionar con más eficacia los problemas. También somos conscientes de nosotros mismos y de nuestros deseos, nos convertimos en seres empáticos, potenciamos nuestras habilidades sociales y podemos convertirnos en líderes de nuestra vida y en inspiración para los demás.

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Enciende tu lámpara, entrena el cerebro

El filósofo griego Plutarco aseguraba que “el cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. El cerebro es el órgano más decisivo en nuestro crecimiento, no solo físicamente —ya que se encarga de enviar las órdenes al cuerpo—, sino a nivel personal e intelectual.

La neuroplasticidad se ha convertido en uno de los grandes avances científicos. Conocer que podemos entrenar nuestro cerebro, como si fuera un músculo, nos ayuda a ser conscientes de que debemos ejercitarlo.

El cerebro tiene la capacidad de cambiar a partir del entorno y la experiencia. Recuerdo un proverbio árabe que dice: “Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego”. La frase viene a colación con un estudio de la Universidad de Washington en St. Louis, donde el neurocientífico Harold Burton esclareció qué sucedía en las zonas cerebrales de información visual de los invidentes.

Burton formó dos grupos. El primero, con siete ciegos de nacimiento, y el segundo, con otros siete que habían perdido la visión. Los científicos midieron la activación de la corteza visual mientras los ciegos leían palabras en braille. La conclusión fue que los invidentes de nacimiento alcanzaban una mayor actividad en la corteza visual que los que habían llegado a ver en algún momento de su vida.

Es conocido que la mitad cerebral derecha está asociada a las aptitudes más creativas y expresivas, mientras que la izquierda a la racional y cognitiva. Sin embargo, nuestra forma de ser, ¿afecta también al cerebro?

Un estudio publicado en “Social Cognitive and Affective Neuroscience” subraya que nuestros rasgos sociales se originan en este órgano. Nuestras personalidades, según los investigadores, son las siguientes: insegura, extrovertida, abierta, agradable y recta. De tal manera que, gracias a la neuroplasticidad, podemos adaptar el comportamiento a las circunstancias sociales en que vivamos. Así, es necesario continuar incrementando las conexiones neuronales.

Por ello es tan importante aprender un nuevo idioma, practicar meditación y deportes, potenciar nuestra curiosidad o transformar hábitos para estar siempre despiertos ante los cambios. Hay actividades que nos proporcionan dopamina y serotonina, las sustancias relacionadas con la felicidad y la motivación.

Como dice el refrán, “no dejes que se abra tu boca, antes de conectar tu cerebro”. Haz de la neuroplasticidad una aliada para desarrollar nuevas habilidades en el camino del éxito y la excelencia.

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El país de las mil emociones

La India es uno de mis destinos favoritos. Casi nueve millones de turistas viajaron a ese país en 2016.

Yo mismo he tenido la suerte de visitarlo en varias ocasiones, porque siempre me llena de energía.

Podría decir incluso que es un descanso para mis rutinas. India es la mezcla perfecta entre el caos y el entendimiento; es un subcontinente lleno de contrastes.

Aunque muchos lo consideran el país de los mil colores, yo prefiero llamarlo el país de las mil emociones.

En cada uno de mis viajes he descubierto un nuevo secreto de cada lugar y, al mismo tiempo, un pedazo de mí mismo.

Siempre digo que soy un ciudadano del mundo, porque mi pasión es explorar culturas diversas y conocer gentes; pero no solo para hacerme fotos en los monumentos más conocidos.

Hablo de un turismo con sentido, para descubrir lo desconocido, abrir nuestra mente y dejar atrás la zona de confort limitante.

Cuando viajamos solos, a no ser que vayamos con un objetivo claro de desarrollo personal, acabamos centrándonos en lo estético.

Sin embargo, si lo hacemos en equipo, podemos juntos decretar una intención, reflexionar, meditar en común y crear una nueva comunidad de intereses.

Por eso cada año incluyo la India entre los destinos de Cala Mundos.

La primera vez fundamos una familia alrededor del viaje y aprendí que ir en grupo crea una convivencia totalmente diferente, un reconocimiento de alma a alma.

La familia que creció en el primer Cala Mundos India aprendió que existe un orden dentro del caos.

Y que para poner rumbo a nuestra vida, primero debemos soltar los lastres que arrastramos durante años.

Así hicimos en el río sagrado Ganges, en aquella experiencia única de transformación que tuvimos en Delhi, Varanasi o Mumbai.

La India me completa. Es un lugar que nos enseña a soltar los apegos, los miedos y los límites. 

Por eso coincido con el escritor francés Romain Rolland: “Si hay un lugar sobre la faz de la tierra donde todos los sueños de los hombres han encontrado un hogar desde el primer día en la existencia del hombre, es la India”.

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Compartir: la virtud más estimada

El escritor Phil Bosmans explicaba: “Si compartes tu pan, te gustará más. Si compartes tu felicidad, entonces aumentará”. Es evidente que contribuir es la única manera de alcanzar el bienestar pleno.

A compartir nos enseñan desde niños: en la merienda escolar, con nuestros hermanos y familiares, en los cumpleaños con los amigos. Sin embargo, muchos llegan a la vejez sin haber extirpado el mal del egoísmo. Como decía el escritor español Pío Baroja, “cuando el hombre se mira mucho a sí mismo, llega a no saber cuál es su cara y cuál es su careta”.

No hay dudas de que compartir y pensar en los demás repercute enormemente en nuestra vida. Un estudio de las universidades de Nueva York y Cornell subraya que la creatividad se potencia cuando tratamos de dar solución a los problemas de los demás, en lugar de los nuestros.

La capacidad de ponernos al servicio de los demás también ayuda a fortalecer las relaciones y a alargar la vida. Otro estudio, esta vez de la Universidad de Oxford, asegura que debemos salir con nuestros amigos —al menos dos veces a la semana— para mejorar la calidad de vida. Según el psicólogo Robin Dunbar, a la cabeza de la investigación, el grupo de amigos aumenta el sentido de pertenencia y el propósito del individuo, incrementa la felicidad, reduce el estrés y mejora la autoestima.

El poeta Gustavo Adolfo Bécquer decía que “la soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”.

En ocasiones he explicado que amar es compartir. Este es un concepto que abordo en mi nuevo libro infantil “La piñata mágica”, bilingüe e ilustrado. Compartir es un pilar básico que ha dado sentido a mi vida. Estoy convencido de que acumular pertenencias, en vez de experiencias, siempre termina privándonos de momentos muy especiales.

Si queremos que mañana el mundo sea distinto, los adultos deberíamos motivar a los niños para que inicien su propio camino hacia el bienestar y la excelencia. “La piñata mágica” es mi modesta contribución para difundir este mensaje, a través de un símbolo tan poderoso de nuestros cumpleaños.

Como aseguraba el filósofo griego Aristóteles, “de todas las variedades de virtud, la generosidad es la más estimada”.

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Constancia: la diferencia entre ganar y perder

El célebre dramaturgo William Shakespeare aseguraba que “si el hombre fuera constante, sería perfecto”. No creo en la perfección, pero sí en la excelencia en todos los aspectos de nuestra vida. Y, en este caso, coincido con el escritor británico en que la perseverancia es una de las claves para el éxito. Tras la ardua tarea para fijar un objetivo, es imposible llegar a alcanzarlo sin la constancia.

En más de una ocasión he recordado mi fórmula de las 3P. La pasión nos impulsa, la paciencia nos regula y la perseverancia nos brinda fortaleza para seguir adelante, a pesar, incluso, de los aparentes fracasos.

Los problemas en el camino a veces nos incitan a abandonar nuestros objetivos, a dejar de luchar por nuestros sueños. Sin embargo, las personas exitosas no se permiten ceder ante los supuestos fracasos, que no son más que pruebas y experimentos.

Thomas Edison ensayó con más de 6.000 sustancias antes de encontrar el elemento con el que crearía el filamento de la bombilla eléctrica. Abraham Lincoln, quien padecía del síndrome de Marfan, perdió varias elecciones antes de convertirse en uno de los presidentes más recordados de Estados Unidos. Walt Disney dijo que “la diferencia entre ganar y perder a menudo consiste en no abandonar”. Curiosamente, el productor cinematográfico fue rechazado en varias ocasiones como caricaturista de prensa, bajo la excusa de que no tenía imaginación. Qué ironía.

La constancia es fundamental en el desarrollo de nuestra vida. Ese ha sido mi enfoque para desarrollar el curso “Liderazgo con Ismael Cala”, junto a Next U, un centro educativo creado por Andrés Moreno, fundador de Open English. Es cierto que no garantizamos el éxito solo con la constancia, pero la meta es casi imposible sin perseverar.

Las personas perseverantes son optimistas, no se frenan ante los resultados negativos, tienen gran conocimiento de sus emociones y persiguen sus metas hasta conseguirlas.

Ser constante no significa pecar de perfeccionista, pues a veces tendremos que abandonar la ruta para aprender de los errores y comenzar una nueva. Por ello, debemos desarrollar nuevas técnicas que nos ayuden a potenciar las habilidades para convertirnos en personas efectivas que consiguen lo que desean.

Como defendía el escritor francés Víctor Hugo, “la mayoría de los hombres no carecen de fuerza, sino de constancia”.

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Escucha a la naturaleza

Junto a grandes facilidades, las nuevas tecnologías pueden ocasionar enfermedades, porque nos hemos convertido en adictos a las pantallas y a la realidad virtual.

Un estudio de la universidad norteamericana Darmouth College asegura que ciertos videojuegos violentos, protagonizados por personajes antisociales, pueden incitar a los adolescentes a caer en la delincuencia, el tabaquismo o en el consumo de alcohol. Se trata de juegos planteados para adultos que reflejan una realidad fantasiosa, lleno de falsos éxitos y objetivos.

Su uso exagerado provoca que algunos vivan desconectados del mundo real. Según la firma de seguridad informática ESET, una de cada diez personas admite haber jugado durante 12 ó 24 horas seguidas y un 14% confiesa estar obsesionados con los videojuegos.

El músico Eric Clapton, hablando de sus adicciones a la droga, que son de otro tipo pero igual de enajenantes, explica: “Sencillamente me convencí de que, por algún misterioso motivo, yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla”.

¿Por qué nos mantenemos pegados a las pantallas, cuando podríamos vivir más y mejor la realidad y compartir razonablemente ambos mundos?

En este sentido, sugiero practicar la meditación y el grounding, pues son herramientas que nos hacen sentir conscientes de que pertenecemos a lo que nos rodea. Como decía Aristóteles, “la naturaleza es un espectáculo que se desarrolla frente al hombre”.

Esta conexión con la tierra aumenta el equilibrio y la estabilidad física y emocional. Nos aporta fuerza, autoestima y nos ayuda a centrarnos a la hora de tomar decisiones. Nos conecta de manera sensorial para vivir el presente. Tenemos que ver la vida como un viaje continuo, viviendo el presente y aprendiendo del pasado.

Precisamente, el grounding es fundamental en las actividades de Cala Encuentros La Montaña Azul, el evento que anualmente celebramos en plena naturaleza de Costa Rica.

En el camino hacia el bienestar, existen gestos diarios que nos ayudan a relacionarnos con el mundo que nos rodea. Por ejemplo, evitar vivir ensordecidos por los auriculares en los oídos, o decidirnos a caminar descalzos por la hierba o la arena. Como decía Víctor Hugo, “produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla, mientras el género humano no la escucha”.

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