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Palabras de fin de año

Llega fin de año y los balances son inevitables. ¿Cómo nos fue en el 2018? ¿Qué hicimos? ¿Qué nos quedó en el tintero? ¿Qué queremos hacer en el próximo año? ¿Qué queremos cambiar? ¿Qué queremos mantener igual? Y así, a medida que se acerca el fin de año, una multiplicidad de preguntas se abre paso en nuestra mente.

No todas estas preguntas tienen una respuesta simple. No todas pueden ser contestadas.  Algunas tienen muchas respuestas a la vez, otras ninguna. Sin embargo allí están, apuntando al año que empieza como si fuera una página en blanco que nos desafía. Una página en blanco que parece esperar que delineemos los primeros trazos, que dibujemos las primeras letras, los primeros balbuceos, los palotes con los que llenaremos la nueva página de este año que estrenamos en nuestra de vida.

Y sí. Ya se vislumbra  el inicio del año. Un olor a nuevo rodea sus primeros segundos. Un ciclo que parece asomar levemente entre las horas que transcurren y nos acercan al final del 2018.

Y nosotros parados en el umbral del tiempo. Justamente en el filo entre dos ciclos, uno que termina y otro que comienza. Allí estamos con nuestro cargamento. Allí estamos con nuestra historia, nuestros deseos, nuestros temores, nuestros sueños y nuestras esperanzas. Tenemos con nosotros recuerdos de lo vivido, el trajín del último año, los logros y los fracasos.

El 2018 parece apagarse y a cada quien le dejará un sabor distinto. Allí estamos, viviendo los últimos momentos del año y haciendo en nuestro interior un somero balance de lo que hicimos, de lo que fuimos, de lo que pudimos hacer, decir y sentir en todas las horas que nos entregó el 2018.

El año que empieza sopla su viento nuevo en nuestra frente. Nos habla con la complicidad de los amigos. Nos invita a vivir con libertad, con deseo, con amor, con valentía. Nos desafía con su aire naciente. Y allí estamos, otra vez, como un nexo entre el ayer y el mañana, parados en el borde del tiempo brindando y celebrando con nuestros seres queridos. Lo que termina y lo que empieza. Detenidos en el umbral de estas dos extensiones. Una se proyecta hacia atrás y nos hace reflexionar sobre lo hecho. La otra se ilumina hacia adelante y nos deja soñar.

Es entonces un buen momento para hacer un alto en el camino. Mirar hacia atrás, ver los senderos recorridos, mirar los paisajes que quedaron lejos y hacer las paces con nosotros mismos. Este fue nuestro recorrido. Por allí venimos andando con fallos, con errores, con dudas, con certezas. Nuestros pasos hicieron esta huella que atrás dejamos. Por eso es un gran momento para celebrar, pero también un gran momento para vernos vivir. Seguramente, muchas cosas dejamos o perdimos en el camino. Seguramente muchas llevamos en nuestros bolsillos y las atesoramos como piedras preciosas.

Pero hoy somos este instante potente en el que programamos lo que queremos. Somos el hoy que se proyecta hacia adelante. El tiempo, como dijo Salvador Dalí, es una de las pocas cosas importantes que nos queda.

El 31 de diciembre nos ubica frente al enigma del tiempo. El tiempo parece fluir. A veces sentimos que se escurre. Que corre de prisa y nos deja atrás. Sin embargo, el tiempo es nuestro. Como sentenció José Luis Sampedro: "El tiempo no es oro; el oro no vale nada, el tiempo es vida." Es nuestra vida la que está en juego, la vida que deseamos vivir.

El filósofo Jean Paul Sartre lo dijo de esta manera: "No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro." Es nuestro tiempo, el tiempo en el que estamos viviendo y creando cada día el mundo que deseamos para nosotros y para los demás.

Entonces a vestirse de fiesta y a recibir y a recorrer y a construir el 2019 con toda la potencia. El futuro está allí para ser edificado. Con nuestra decisión, nuestros deseos, nuestras ganas, es posible darle la forma que más nos gusta a este año que recién despierta.

¡Muy feliz año para todas y todos!
 

Frase de la semana
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”
-Eleanor Roosevelt