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Los nueve enemigos de la felicidad

Muchas cosas se interponen entre nosotros y la felicidad. Y digo felicidad entendiéndola como un estado de bienestar interno que nos permita disfrutar de la propia vida, más allá de las circunstancias que nos tocan vivir. 

La cuestión es que esas cuestiones que se interponen son parte de nosotros mismos. Nuestras actitudes, nuestro modo de pensar, nuestra forma de reaccionar son nuestros peores enemigos. Son estas trabas y estas limitaciones psíquicas las que se interponen entre nosotros y la felicidad. Son, dicho más claramente, las actitudes que nos arruinan la vida. 

La buena noticia es que podemos cambiarlas. Dependen exclusivamente de nosotros. Se trata de nuestras actitudes frente a los acontecimientos.
Hagamos un pequeño listado de los obstáculos psíquicos que se dan con más frecuencia y que nos impiden disfrutar mejor de la vida:

1. Los pensamientos catástrofe. Son los pensamientos que nos hacen imaginar todo tipo de catástrofes que nos pueden ocurrir  a nosotros o a nuestros seres queridos. Nos llenan de miedo y preocupación. En general, ninguna de esas horribles cosas suceden. Son pensamientos que sólo sirven para arruinarnos la vida.

2. No poder perdonar a los otros. El resentimiento y el rencor nos llenan de oscuridad y de malos momentos. Son nocivos para nuestro ánimo. Suelen sumirnos en un estado de depresión, tensión, estrés.

3. No poder perdonarse a uno mismo. Hacer las paces con uno mismo es clave para el bienestar. No es posible sentirse bien si uno vive reprochándose o arrepintiéndose de lo que ha hecho. Todos tenemos circunstancias personales que no nos hacen sentir bien con nosotros mismos, pero es necesario reconciliarse con lo que cada uno ha podido hacer y con lo que no ha podido. De los errores hay que aprender. No es sano vivir auto reprochándose todo. Hacer una autocrítica está muy bien, pero sólo con el objetivo de cambiar y corregir aquello que no nos gusta. Luego hay que perdonarse y seguir, con la decisión de no repetir los errores.

4. Vivir en los extremos: Todo o nada. La vida está llena de matices. Y en general el bienestar se encuentra en los matices y no en los extremos.  Entre todo y nada están los miles de “Algos” posibles para nosotros. Probablemente no podamos todo, pero sin duda podemos algo. Y ese algo es lo que importa y lo que es necesario valorar.

5. Idealizar las situaciones. Las situaciones de la vida no son ideales. Hay un refrán que dice: “Lo ideal es enemigo de lo posible.” Y es cierto. Muchas veces por buscar la pareja ideal, el trabajo ideal, la vida ideal, la familia ideal nos perdemos la vida posible. Nos perdemos de disfrutar de la vida posible. Los “ideales” pueden ser grandes obstáculos para el bienestar, sobre si están vinculados a lo inalcanzable. Esperar una pareja ideal puede ser causa para no tener nunca una relación satisfactoria. Ya que probablemente nada ni nadie esté a la altura del ideal.  Menos ideal y más realidad para disfrutar de lo que sí se tiene. 

6. Pesimismo. El pesimista es una persona que cree que todo va a ir mal. Siempre anticipa un futuro negro. Suele creer que nada mejorará nunca. Estas creencias le impiden pasarla bien, ya que está sumergido en un mundo oscuro de malos augurios. Se da siempre por vencido antes de intentar nada, ya que supone de antemano que todo irá mal. 

7. Querer tener el control sobre todo. Gran parte de la vida está fuera de nuestro control. No nos pertenece y no está en nuestras manos controlarlas. Las personas que quieren controlar todo viven afligidas y amenazadas, ya que las cosas importantes suelen ser incontrolables. Es cierto que se puede prevenir y cuidar las cosas que nos importan, pero la verdad es que no todo depende de nosotros. Lo mejor es encontrar un equilibrio que permita ser cuidadoso con lo que queremos sin obsesionarse con el control. Como dice la oración de la Serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia.”

8. No valorar ni agradecer. Dar las gracias significa reconocer y valorar lo que se tiene y lo que nos dan los demás. Una persona que no puede valorar o que tiene siempre vive insatisfecho. Siempre siente que le falta algo para ser feliz. 

9. Envidiar. La persona envidiosa está insatisfecha con su vida. Le parece que la del otro es mejor. Vive pendiente de lo que tienen los demás y en su interior crece el malestar. Para ser feliz es necesario focalizar en lo que cada uno hace, vive, tiene, genera y desea. La envidia intoxica las emociones y amarga el corazón.