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El agotamiento emocional: un signo de estos tiempos

El agotamiento emocional es un estado de extremo cansancio psíquico al que se llega como resultado de un esfuerzo prolongado en el tiempo. Les ocurre, en general, a las personas que no pueden dejar de responder a las demandas del otro. Ya sea la necesidad de responder siempre y de manera inmediata a las demandas laborales, familiares, o sociales, el agotamiento emocional o “burn out” es la última etapa a la que se llega después de un proceso.

¿Y cómo es ese proceso? Se trata de un montón de peldaños que se van recorriendo, en los que la persona hace un esfuerzo cotidiano superior a sus posibilidades. Se sobre exige.  Tiene que responder de manera inmediata y sin errores a todo lo que le piden, o cree que le piden. Siente que se espera mucho de ella y que no puede fallar. Y en cada escalón que sube su psiquismo se resiente, se agota.

No se trata sólo solo de excesos laborales, sino de todo tipo de responsabilidades que la persona asume y percibe como presiones con las que debe cumplir. Pueden ser presiones económicas, afectivas, familiares, sociales, etc.

La clave es que la persona está haciendo más de lo que puede. No por un día o dos, sino como un estilo de vida. Siempre hace más de lo que puede en la mayor parte de las áreas de su vida. Así es su estilo. Hace más de lo que puede y no se da cuenta. No percibe que necesita parar. Sigue adelante llevando una carga mental y emocional superior a sus fuerzas. Nunca se siente conforme con sus actos y cree que debe hacer más y mejor.

Por eso decimos que al agotamiento emocional no se llega de un momento a otro. Es un proceso que se incuba lentamente. No se reconocen los primeros síntomas de agotamiento y se sigue adelante sin modificar nada. Hay un punto en que el esfuerzo la supera y  la persona se desploma. Lo mismo pasaría si la persona cargara con un peso físico superior a sus fuerzas, por ejemplo un mueble pesado. Quizás tiene la fuerza para trasladarlo unos metros, pero si se impone cargarlo por varios kilómetros sin descansar seguramente su cuerpo colapsará. Sus rodillas se doblarán, su cuerpo no podrá seguir sosteniéndolo y quedará aplastado bajo el peso del mueble.

Lo mismo ocurre con las cargas emocionales o psíquicas. A la larga se produce un colapso en la vida de la persona, porque ya no aguanta más. La diferencia, y la complicación, es que al ser estas cargas invisibles muchas veces no se detectan. Cualquiera detectaría si alguien pasa cargando un gran sillón de 3 cuerpos, pero nadie percibe las enormes cargas emocionales que cada quien lleva. A veces, ni la misma persona que lleva la carga la detecta. Es por eso que se llega al límite y el psiquismo colapsa, bajo la forma del Burn out o agotamiento emocional.

Es importante y necesario poder reconocer los síntomas a tiempo para tomar medidas que eviten llegar al límite. La medida más importante es aprender a decir que no y quedarse tranquilo con ese no que se dice. Decir: no puedo, esto es demasiado para mí. Poder elegir y seleccionar a lo que uno responde y cómo responde, permitirá llevar una vida más liviana y no llegar al colapso emocional.

Los síntomas iniciales del agotamiento emocional son:

  • Cansancio físico. La persona se siente fatigada con frecuencia. Se siente sin fuerzas para encarar el día. Desde que abre los ojos experimenta como si fuera excesivamente arduo lo que le espera. Siente que no cuenta con la energía necesaria para hacer todo lo que tiene que hacer.
  • Insomnio. En muchos casos la persona con agotamiento emocional tiene dificultades para dormir. Las preocupaciones le impiden dormir. No descansa bien por la noche y eso aumenta el agotamiento.
  • Irritabilidad. La persona agotada suele tener  mal humor. Salta por cualquier cosa. Se siente irritable y de mal carácter.
  • Falta de motivación. Quien sufre de agotamiento emocional no siente entusiasmo, ni interés por sus actividades. Hace todo por obligación. Se siente desganado y todo es una carga más.
  • Distanciamiento afectivo. Las emociones comienzan a ser cada vez más huecas. Como si en realidad no sintiera prácticamente nada. Se distancia de sus emociones y parece un robot que funciona y cumple con sus deberes, pero sin sentir nada.
  • Problemas de memoria.  Empieza a tener fallas en la memoria. Se olvida con facilidad las pequeñas cosas. Desde no saber dónde dejó las llaves a cosas importantes, se empiezan a notar esos fallos en la memoria diaria.
  • Dificultades para pensar. La persona siente que se confunde con facilidad. Razona lentamente. Hay dificultad para concentrarse y para prestar atención.