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¿Cómo lidiar con las peleas en la pareja?

En una pareja las peleas son inevitables. Siempre hay conflictos y diferencias. Es normal pensar distinto, hacer las cosas de otro modo, creer que el modo propio es el mejor. Todo eso lleva más de una vez a enormes discusiones y peleas inagotables.

Según Dan Wile, experto en terapia de pareja, a veces una buena pelea es el mecanismo a  través del cual se pueden expresar frustraciones y necesidades, y hacer que algunas cosas cambien en la convivencia.

EL asunto es: ya que sabemos que en algún momento vamos a pelear, ¿por qué no aprendemos a hacerlo bien?

Hacerlo bien significa hacer que las peleas sirvan para que la relación mejore. Intentar que las peleas no sean una herramienta de destrucción sino de construcción.

¿Para qué peleamos? ¿Para ganar o para entendernos? La respuesta a esta pregunta es clave porque determinará la actitud que se tiene en una discusión. Si peleamos para entendernos y para resolver un conflicto nuestra actitud será conciliadora y haremos todo lo posible por entender al otro. Si peleamos para ganar, lo único que nos interesará es derribar al otro y creer que eso nos da un triunfo. 

7 tips para que las discusiones sean constructivas
1. Elegir el momento adecuado para tener una discusión
Punto uno: hablar antes de llegar al enojo extremo. Antes de que la gota colme el vaso. La mayoría de las personas esperan a estar muy enojadas para encarar los problemas. No hablan, estallan. Esto es un gran error.

Lo mejor es programar un momento en el que ambos puedan enfocarse en el tema sin dejar que las emociones se interpongan en el camino. Hablar con tranquilidad de las diferencias que tienen. Hacer que las emociones no nublen el entendimiento. Discutir, sí, pero para entenderse y no para ver quién gana.

2. Hacer la pregunta clave
Según Kira Asatryan, autora del libro Stop Being Lonely, una pregunta puede cambiar la dinámica de las peleas: “¿Qué necesitas de mí?”. De acuerdo con la experta, hacer esta pregunta en vez de seguir peleando enfoca el debate en lo que el otro necesita, y demuestra interés por el bienestar de la pareja. 

3. Resolver el problema antes de irse a dormir
Siempre es conveniente dejar las cosas solucionadas antes de irse a dormir. Opinan los especialistas que cuando la persona se va a dormir enojada, al día siguiente esa sensación de rencor y enojo va a estar mucho más aferrada a la memoria.

Según una investigación realizada en 2016 por el neurólogo Yunzhe Liu, es un error pensar que al dormir desaparecen los sentimientos como la ira, la furia. El informe, publicado en la revista Nature Communications, indica que durante el sueño el cerebro reorganiza la información del día y hace que las asociaciones negativas sean más difíciles de suprimir en el futuro. La investigación fue realizada en la Beijing Normal University y se basó en el comportamiento de 73 estudiantes hombres a lo largo de dos días.

Esta investigación apoya la recomendación de no irse a dormir con enojos y con los conflictos no resueltos.

4. No reciclar las peleas y problemas del pasado.
Si las parejas repiten constantemente todas las discusiones que tuvieron alguna vez, estamos frente al cuento de nunca acabar. Es necesario dar por concluidos algunos hechos. No es posible avanzar si uno está empantanado en momentos del pasado. 

Lo aconsejable es hablar, resolver los temas, llegar a un acuerdo y luego soltar y seguir adelante.

5. El sexo no es la solución
Recurrir al sexo puede parecer un buen modo de reconciliarse, pero no siempre es así. Es posible que la otra persona no esté de humor para hacerlo y que solo lo haga por aplacar la tensión. Esto generará culpa y malestar. Y no soluciona nada. 

El sexo está muy bien cuando se tienen ganas, pero antes hay que resolver las diferencias. Lo mejor es que la sexualidad llegue como resultado del entendimiento y de la intimidad generada en la charla. 

6. Escuchar sin juzgar 
Esto es muy difícil. Normalmente en una discusión uno está enfocado en demostrar que tiene razón y automáticamente deshecha todos los argumentos del otro. Los descalifica. Los rechaza automáticamente. El convencimiento de que uno tiene la razón es tan fuerte que impide que se escuche con atención lo que el otro dice. 

La propuesta es parar por un momento las propias argumentaciones y escuchar. Simplemente escuchar sin pensar cómo ganar y cómo derribar el “enemigo”. 

7. Aceptar los errores y pedir perdón
Este es un gran desafío. A nadie le gusta aceptar que se ha equivocado y que el otro tiene razón. Obstinarse en tener razón y ser incapaz de ser un poco crítico con uno mismo es un callejón sin salida que sólo lleva a aumentar el malestar.

Daphne de Marneffe, autora del libro The Rough Patch, asegura que una de las cosas realmente tóxicas es no asumir la responsabilidad de los errores y no disculparse. 

Si una persona no puede admitir haber hecho algo mal, los problemas aumentan, crece el resentimiento  y no hay posibilidad de cambio.