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A Corazón Abierto- Dra. Amparo

El amor y las redes sociales

Las redes sociales nos vuelven visibles. Para el  mundo actual no estar en redes sociales es casi como no existir. Algunas personas, las menos, se niegan a formar parte de las redes sociales, pero la realidad es que la gran mayoría participa de este modo de vincularse.

En las redes sociales nos mostramos, nos damos a conocer. Mostramos lo que pensamos, lo que vivimos, lo que sentimos. Nos gusta exhibir nuestra vida. No toda, claro. Pero nos gusta compartir fotos de buenos momentos, cosas que vivimos y nos hacen sentir orgullosos, parte de nuestro mundo se ve reflejado en nuestras redes sociales.

Por supuesto, esta visibilidad ha afectado el modo en el que nos relacionamos y, ha afectado especialmente las relaciones de pareja. Nuevos problemas empiezan a aparecer por lo que el otro sube, o no sube. Por lo que muestra y por lo que oculta. Por los likes que pone, por las personas a las que sigue, por los amigos, etc.

Y no sólo eso, también de lo que subimos, se infiere más de lo que suponemos. Muchas cosas decimos con nuestros post sin saber que lo estamos diciendo.

Una idea fuerte y extendida entre usuarios de redes sociales afirma que si hace cuatro meses que sube contenido sin la pareja, es probable que la persona en cuestión se haya separado o esté atravesando una crisis. Y justamente es éste uno de los puntos de discusión de las parejas. ¿Cuánto sube con respecto a su relación en las redes sociales? ¿La hace invisible o la invisibiliza?

Algunos investigadores han puesto las manos en la masa y comenzaron a investigar estas cuestiones que hacen al amor y a la visibilidad que se le da en las redes sociales.

Un estudio de la Sociedad para la Personalidad y la Psicología Social realizó una investigación con este título: “¿Podés decir que estoy en una relación? Visibilidad de apego y pareja en Facebook (y otras redes)”. Según este estudio el estado de “apego” subyace en todo lo que publicamos en las redes sociales. Es decir, afirma que mostramos si estamos o no en pareja, o si estamos en crisis, cada vez que posteamos un contenido.

Como dijimos, una de las discusiones que se dan en la pareja es cuánto el otro visibiliza la relación en las redes sociales.  En el estudio en cuestión varias parejas confesaron haber tenido peleas fuertes porque el otro o no subía fotos de los dos, o se cansaba de tener que hacerlo.

Según los especialistas las personas con tendencias a compromisos poco duraderos mostraron poco deseo hacer visible su relación, mientras que los ansiosos y posesivos mostraron y demandaron una mayor visibilidad.

Así es que las redes sociales han traído un nuevo motivo de pelea para las parejas. 

¿Por qué no subís nunca una historia conmigo? O ¿Te da vergüenza mostrar que estás conmigo? ¿Es por tu ex? Son algunos de los reclamos que suelen oírse. La pelea que puede durar horas, o días, puede ser un motivo de discusión constante y puede llevar al final de la relación. 

Otro informe, realizado por Emily L. Dix y Lydia F. Emery, afirma que cuando algunos usuarios se sienten inseguros sobre los sentimientos de su pareja, tienden a hacer más visibles sus relaciones.

Una persona que se obsesiona y se la pasa posteando fotos de su pareja, declaraciones de amor en su propio muro y en el de su pareja, podría estar indicando que no se siente seguro de la relación. El exceso de posteos relacionados a su pareja sería una forma de asegurar a través de la aparición redes sociales, el compromiso de la relación.

Por último, y quizás como un intento de superar los conflictos que las publicaciones en redes trae, tenemos la  última tendencia de los enamorados online: crear una cuenta de la pareja.

Muchas parejas están tomando esta alternativa: tener una cuenta para la pareja o para la familia. Para ellos compartir la cuenta de Instagram o de Facebook les simplifica la vida. Todo lo que viven se hace visible, comparten contenidos, amigos y seguidores, y se acaba la pelea sobre cuánto publica uno del otro.

Las redes sociales por sí solas no pueden arruinar una relación. Pero sin duda han marcado un giro en los modos en los que funciona el amor.
 

¿Cómo ponerse a salvo de lo negativo?

En la vida cotidiana nos encontramos más de una vez con situaciones o con personas que nos quitan energía. Personas o situaciones que, por sus características, nos comunican un estado de malestar y de negatividad. Sentimos que nos apagamos, que quedamos sin luz, cansados y sin ganas de nada.

A veces se trata de situaciones inesperadas en las que nos vemos involucrados, una pelea entre conocidos, una fea situación callejera, un problema laboral, etc. Algo que pasa de pronto y nos ensombrece.

A veces son personas que, sin quererlo, nos provocan un efecto de vaciamiento. Después de estar con ellos quedamos como vacíos. Sin fuerzas. Sin ganas. Como entristecidos. Nos comunican un estado de malestar. Suelen ser personas que se quejan de todo y ven todo como una tragedia. En general sólo hablan de cosas horribles que pasan o que imaginan que pueden pasar. Y así quedamos. Teñidos de una oscuridad que no nos pertenece, pero que nos apaga y nos hace ver las cosas negras.

Somos seres conectados, y como tal, nos vemos afectados por lo que ocurre a nuestro alrededor. Es inevitable que las situaciones y las personas nos contaminen con su energía y con sus estados de ánimo. Somos permeables a las diversas influencias que vamos atravesando durante el día. Pero eso no significa que tengamos que quedar pasivamente afectados. Está en nosotros la capacidad de volver a conectar con las emociones y sentimientos positivos que nos habitan.

Se trata de no dejarse llevar por la perspectiva  pesimista y de recargar pilas si algo de lo que vivimos nos ha vaciado. ¿Cómo hacerlo?

4 herramientas para no contaminarse con lo negativo
• No dejarse atrapar por lo negativo
Las personas que nos desaniman suelen tener una mirada negativa. Sus temas de conversación pueden ir de una enfermedad a la situación terrible que se vive en cierta parte del mundo. Siempre tienen algo espantoso para contar. Hablan de lo difícil que es todo. Lo horrible que es el trabajo que tienen, las injusticias, o las malas noticias son sus temas preferidos.

Y así, con su charla, nos van contagiando de esa mirada oscura y sin esperanza. Nos llenan de desaliento. Puede ser que empecemos a no ver más que la dificultad, los problemas, el sufrimiento. Quedamos impregnados emocionalmente por una visión negativa que no es la nuestra.

Así, es importante darse cuenta de lo que nos está pasando. Y despejar el asunto: “esa mirada oscura no es la mía, es la del otro”. Hay que volver a la propia mirada. Reconectar con lo que uno piensa y con las propias esperanzas.

• Confiar en uno mismo
Confiar en uno mismo es otra herramienta importante. La gente que no se deja afectar por el negativismo ajeno, es porque tienen la confianza suficiente en sí mismos como para no dejarse arrastrar en la corriente de pensamiento o conducta de otros. Estar seguro de lo que uno piensa y siente será un muro de contención que impedirá que el aluvión de negatividad nos arrase.

• Hacer algo que nos haga sentir bien
Hacer algo que nos gusta siempre es reconfortante. Después de un día oscuro, o de una experiencia emocionalmente extenuante es bueno recurrir a algo que te ofrezca una vivencia de bienestar auténtica.

Darse un gusto, encontrarse con alguien que nos hace bien, salir a caminar, conectar con la naturaleza, escuchar una música que nos den ganas de bailar, son actividades que pueden ayudar a salir de la negatividad.

Muchas veces al estar atrapados en la oscuridad no tenemos ganas ni de hacer algo que nos gusta. Por eso es importante hacer el esfuerzo, para romper con el “embrujo” de lo negativo. Aun sin ganas ponga una buena música y baile, o calce sus zapatillas y salga a correr por la naturaleza. Busque algo que le devuelva la energía, el buen humor y la alegría.

• Volver a lo propio
Después estar rodeados de personas que fomentan el malestar o en ambientes emocionalmente negativos solemos quedar afuera de nuestro propio eje.  Podemos sentir que perdimos el propio GPS y que ya ni sabemos dónde estamos parados. 

Por eso, lo fundamental es volver a entrar en contacto con uno mismo. Recupera la conciencia de quién uno es. Volver a lo propio. A la propia forma de vivir y de pensar. Conectar con las propias emociones, para, poco a poco, deshacernos de la oscuridad ajena.

Vida en pareja

Son muchos los problemas y conflictos que afectan a las parejas. La convivencia es un arte complejo y en la vida de todos los días se suelen generar malos entendidos, malestar y disconformidades que van desgastando la relación.

Sabemos que con el amor no basta y que una relación de pareja necesita mucho más que el mero sentimiento para funcionar en el largo plazo.  Es necesario llegar a acuerdos y establecer una profunda comunicación para superar los conflictos que suelen ir apareciendo en el trato diario.

Muchos de esos conflictos tienen que ver con un choque de personalidades, otros con la visión del mundo diferente o los valores que tiene cada uno, otros con los roles que cada quien asumió en la pareja, otros con la forma en que cada uno lidia con el estrés y los problemas diarios, muchos con temas emocionales y sentimentales. Y así la lista podría seguir.

La cuestión es cómo manejar todas estas diferencias y hacer que la relación funcione y crezca.

Lo que se suele hacer ante las diferencias y ante lo que no funciona es quejarse. Los miembros de la pareja se quejan uno del otro. Se quejan entre ellos, o se quejan del otro con sus amigos y familiares. Es decir, están inconformes con lo que reciben.

Toda queja es un intento de hacer que la relación funcione y mejore. Pero es un intento que fracasa. Y en general empeora la situación.  Quejarse no sirve. Lo que sirve es entender dónde está el problema y buscar soluciones.

Las quejas más comunes de las parejas son: sentirse vigilado y controlado en las acciones diarias, sentirse rechazado, sentirse descuidado, no sentirse apreciado.

• Sentirse vigilado y controlado en las acciones diarias: esto ocurre cuando uno de los dos no confía en el modo en el que el otro hace las cosas. Por lo tanto o no delega o si delega no se queda tranquilo y supervisa todo lo que debería hacer el otro. Puede ocurrir tanto en las tareas domésticas como limpiar, cocinar, hacer las compras, o sobre temas como administrar el dinero y educar a los hijos.

Uno de los miembros de la pareja funciona como si el otro fuera un inútil al que no se le puede confiar nada. Es decir, lo trata como si fuera un niño que necesita ser controlado, pues sino hará todo mal.

¿Solución? Aprender a delegar, a confiar y poder aceptar que el otro tiene su modo de hacer las cosas y tiene derecho a hacerlas a su modo, sin que eso signifique ser criticado y entrar en un conflicto.

• Sentirse rechazado: eso suele ocurrir cuando hay falta de comunicación y de intimidad. La pareja no encuentra el modo de acercarse entre sí. Normalmente uno adquiere el rol de acercarse y el otro de rechazar. Pero estos roles pueden intercambiarse. Puede ocurrir que algunos días se acerque uno y el otro rechace o viceversa.

Por supuesto esto afecta especialmente a la vida sexual de la pareja. Va poniendo un muro entre ambos que los aleja cada vez más. Se trata de un problema de entendimiento y también de encontrar los tiempos adecuados para acercarse. Las presiones diarias, el cansancio, el estrés, el aburrimiento, la falta de comunicación, suelen ser los causantes de este problema.

¿Solución? Acordar y buscar momentos de intimidad para conversar, para acercarse, para el erotismo y la sexualidad. Encontrar y proponer momentos en los que los dos estén dispuestos y relajados para generar un encuentro de intimidad.

•Sentirse descuidado: acá entramos en el mundo de los detalles. Sentirse rechazado puede combinarse fácilmente con el sentimiento de sentirse descuidado. Conductas como mostrar falta de interés por lo que el otro hace,  falta de tiempo para la pareja, olvidos, no prestar atención a los detalles, olvidar fechas importantes para ambos, son algunos de los ingredientes que hacen que el otro se sienta descuidado.

La vida en común está hecha de una infinidad de detalles, desde prepararle algo especial para el desayuno, decirle palabras bonitas, saber cuál es su perfume o su color preferido, hasta recordar fechas importantes para el otro. Son esos detalles los que hacen que el otro se sienta cuidado y tenido en cuenta.

¿Solución? No dejar que el bosque impida ver el árbol. Volver a lo mínimo. A los momentos del día a día que hacen la diferencia.

• No sentirse valorado: esto se da cuando uno de los miembros no valora las acciones del otro. Las da por sentado, supone que así deben ser y no hay por qué agradecerlas ni valorarlos. Le parecen naturales y deja de apreciar todo el esfuerzo y dedicación que el otro pone para que la vida de ambos sea mejor. La costumbre, la rutina, el estar demasiado abrumado por cuestiones de la vida es lo que hace que de deje de ver lo maravilloso y genial del otro. La persona que hemos elegido sigue estando allí, dándonos su amor y su dedicación a su modo y seguramente sigue dando motivos para estar orgulloso de ella.

¿Solución? Abrir los ojos y el corazón. Ver y apreciar lo que el otro hace. Desde las acciones cotidianas hasta los grandes desempeños deberían ser valorados. 

Una cuestión de actitud

Mucho se habla de la forma en la que nos relacionamos con los demás. Es sabido que gran parte del sufrimiento humano está originado en los vínculos con los otros. El amor. El afecto. El miedo al abandono. La necesidad. Querer y ser querido. Sentirse solo, aislado. Sentirse incomprendido, ser incapaz de comprender. Comunicarse. Entenderse. El poder. Dominar o ser dominado. Un mundo de dificultades se abre a la hora de establecer  vínculos y más de una vez uno sale lastimado. ¿Qué hacer?

La verdad es que mantener una buena relación con los demás es un desafío. Y mucho más cuando está en juego el amor.

Uno de los problemas que suelen aparecer con frecuencia en los vínculos son las relaciones tóxicas. Es decir, las relaciones que generan al mismo tiempo dependencia y dolor. Una relación tóxica es aquella que hace daño, pero de la que cuesta desprenderse.

Según los especialistas, aprender a relacionarse con los demás de una manera sana y constructiva es una cuestión de actitud. Es posible modelar nuestras actitudes para conseguir relaciones de mayor armonía y bienestar.

Las relaciones tóxicas se dan en todos los ámbitos de la vida y pueden complicarnos tanto la vida personal como la laboral. Es importante aprender a distinguir las actitudes propias y ajenas que propician una relación tóxica para poder prevenirla y corregirla.

Relaciones tóxicas en lo personal
Algunos especialistas han elaborado una pequeña lista de consejos a seguir para evitar relaciones tóxicas en el ámbito personal:
1. Ser independiente
Según estos especialistas, una persona independiente tiene menos posibilidades de caer en una relación tóxica que una persona con una personalidad dependiente.

2. Tener personalidad propia
Respetar el propio estilo, saber lo que nos gusta y tener los propios puntos de vista.

3. Tener claridad emocional y de pensamiento
Expresar con claridad lo que pensamos y sentimos también permite que nuestras relaciones sean más sanas. La comunicación clara es clave en cualquier encuentro.

4. Estar abierto a los demás
Poder escuchar al otro sin prejuicios permite establecer un vínculo auténtico y real.

5. Tener una actitud amable y positiva
Reír, sonreír, poder adaptarse, hacer planes sin complicar demasiado las cosas, también ayuda a que las cosas fluyan y sean espontáneas.

Las relaciones toxicas en el trabajo
Las relaciones toxicas se dan también en el mundo laboral. Y suelen ser muy estresantes y dolorosas, ya que gran parte de la vida de una persona transcurre en su trabajo.

La psicóloga Heidi Grant ha publicado en Harvard Business Review, un artículo en el que detalla 3 signos que podrían indicar que  usted puede ser un compañero de trabajo tóxico. ¿Cuáles son esos signos?

Según esta experta se trata de lo siguiente:
1.  Parecer frío y actuar con soberbia
Cuando se es cálido, la tendencia a decir a las personas qué hacer se ve más como una ayuda. Afirma la experta Heidi Grant: “El problema es que la mayoría de las personas, especialmente en entornos de trabajo, ven que causar una buena impresión en sus colegas es, ante todo, competencia. En su afán por demostrar sus habilidades y talentos, olvidan proyectar calidez”.

Según esta autora la solución para esta actitud tóxica sería: “hacer un intento consciente por prestar atención a otras personas. Haga contacto visual y sosténgalo, tanto cuando está hablando como escuchando”.

2. Parecer y actuar como un egoísta
La solución a esta actitud tóxica según la experta Heidi Grant sería: “Para asegurarse de no caer en esta categoría tóxica en particular, tómese el tiempo para ponerse mentalmente en los zapatos de sus colegas con regularidad para captar su perspectiva. Sea curioso y haga preguntas para obtener más información sobre los compañeros de trabajo que no conoce bien. Y lo más importante, muestre empatía. Hágales saber que los respeta y los valora lo suficiente como para tratar de ver las cosas a través de sus ojos”.

3. Parecer y actuar como un “sabelotodo”
En varias investigaciones se ha demostrado que los compañeros de trabajo tóxicos suelen tener excesiva confianza en sí mismos, considerándose superiores y mejores que sus colegas. Son muy estrictos y creen que solo ellos saben el modo correcto de hacer las cosas. Se apegan a las reglas que ellos mismos imponen.

¿La solución? Para cambiar esta actitud tóxica, la experta aconseja ser más flexible y valorar más el trabajo en equipo.

Las pesadillas en la infancia

Todos tenemos pesadillas de vez en cuando. Según explica la revista Psychology Today, “las pesadillas son sueños largos y elaborados con imágenes que evocan miedo, ansiedad o tristeza. El soñador puede despertarse para evitar el peligro percibido. Las pesadillas se pueden recordar al despertar y pueden ocasionar dificultades para volver a dormir o incluso causar angustia durante el día. Las pesadillas aisladas son normales, pero cuando los sueños que provocan terror extremo o ansiedad recurren con frecuencia pueden convertirse en un trastorno del sueño debilitante”.

Las pesadillas suelen aparecer hacia el final de la noche, en la etapa de sueño REM (siglas de Rapid Eye Movement en inglés, Movimiento Rápido del ojo en español), en la segunda mitad del sueño nocturno.

La cuestión es que no sólo los adultos tenemos pesadillas. En la infancia también es muy común tener pesadillas, especialmente entre los 3 y 6 años, que es la edad en la que suelen  aparecer los miedos infantiles.

¿Cuántas veces los niños se despiertan angustiados y llorando en medio de la noche? ¿Cuántas veces buscan protección pasándose a la cama de los padres? ¿Cuántas veces no quieren irse a dormir por miedo a tener un mal sueño? En muchos casos se trata de terroríficas pesadillas que despiertan al niño en la mitad de la noche y el pequeño no sabe qué hacer ni cómo entender eso que le pasa.  Se dice que entre los 5 y 10 años solemos tener pesadillas lo suficientemente vívidas como para ser recordadas muchos años después.

Ante esta situación es necesario que los padres sepan cómo ayudar a disminuir la presencia de pesadillas, y cómo calmar y contener al niño después de una pesadilla para que el pequeño pueda volver a conciliar el sueño.

Consejos para ayudar a evitar pesadillas
Ante todo, es importante saber que no es posible eliminar de manera total las pesadillas de los niños. Pero sí es posible tener en cuenta algunos consejos que ayudaran la reducción de las mismas.

Los padres pueden contribuir a que sus hijos tengan un sueño apacible si siguen estas recomendaciones:

  • Fijar una hora para acostarse.
  • Seguir una rutina cuando llega la hora acostarse. Esta rutina podría incluir bañarse, recibir mimos, leer y hablar sobre las cosas agradables que han pasado durante el día.
  • Cenar temprano y liviano, y evitar alimentos estimulantes.
  • Asegurarse de que la habitación del niño tenga una temperatura adecuada.
  • Que la habitación del niño sea un lugar acogedor, donde pueda sentirse relajado.
  • Puede ayudarles al ir a dormir tener algo, como su juguete favorito, que los tranquilice. En este sentido es aconsejable buscar un objeto que les dé seguridad al dormir. Un osito, una sábana, una almohada, un peluche, etc.
  • Evitar las pantallas al menos 2 horas antes de dormir.
  • Controlar lo que ven o con lo que juegan, con el fin de evitar el estrés o ansiedad.
  • Evitar que vean antes de dormir películas, programas de televisión, juegos, o cuentos que les den miedo.
  • Recuerde que si los niños se van a dormir estresados, es más probable que tengan pesadillas.

Qué hacer cuando su hijo tiene una pesadilla

  • Tranquilice al menor haciéndole sentir que usted está allí. Su presencia, si usted transmite tranquilidad, ayuda al pequeño a sentirse seguro. Saber que usted está allí  refuerza su sentimiento de seguridad.
  • Explíquele lo que ha ocurrido. Tranquilice a su hijo explicándole que lo que ocurría en la pesadilla no sucede en el mundo real. Es importante que el niño aprenda a diferenciar lo que ocurre en el sueño del mundo real.
  • Ofrézcale comprensión. Sentirse comprendido lo va a ayudar a calmarse. Explíquele que todos soñamos y que a veces los sueños nos asustan porque pueden parecer reales, por lo que es natural sentir miedo.
  • Deje una luz encendida. Una luz tenue puede ayudar a que los niños se sientan seguros y podría ser un buen instrumento para hacer que desaparezcan las pesadillas.
  • Ayude a su hijo a volver a dormirse. Para que pueda conciliar el sueño de nuevo, pueden hablar un rato y mimarlo hasta que se duerma.
  • No lo ridiculice. Las pesadillas generan mucho malestar y angustia. En ningún caso se debe maltratar al niño por tenerlas y por despertar a los padres en busca de ayuda.
  • Ayude a su hijo para que se sienta tranquilo, seguro y protegido, y así pueda volver a dormirse.

La mayoría de los niños tienen pesadillas de vez en cuando. Es algo normal que no debe preocupar. Pero si las pesadillas son muy frecuentes e impiden que el niño duerma lo suficiente o si están acompañadas de otros problemas emocionales, es conveniente consultar al pediatra.

Las apariencias no engañan

Siempre se dijo que la primera impresión es la que cuenta. ¿Es así? ¿Cuánta fuerza tiene esa primera impresión?

La apariencia, la forma de vestir, los gestos, los modales, el tono de voz, la forma de hablar, el modo de moverse, son pequeños detalles que conforman una primera imagen de nosotros mismos que damos a los demás.

Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. Y justamente la primera no es una imagen cualquiera, se trata de la imagen con la que nos presentamos. Es una imagen, es cierto. Pero se trata de una imagen poderosa sobre la que se construirá el resto de la relación.

Puede resultar sorprendente, pero los estudios afirman que, en general, las personas somos bastante buenas en esos breves análisis que hacemos con las primeras impresiones. Con esos detalles armamos un perfil de la persona, y es probable que eso determine lo que ocurra después.

Es esa primera impresión, esa “instantánea” que sacamos con solo ver al otro la que va a modelar el resto de la relación. Es la oportunidad que tenemos de darnos a conocer en un microsegundo, de dejar una marca, de imprimir algo de nosotros en la experiencia con el otro.

Se afirma que una primera impresión tiene mucha importancia en situaciones concretas, por ejemplo, en una primera cita, en una entrevista de trabajo, en una reunión, el primer día de trabajo, o en un examen.

Resulta que varios estudios científicos vienen a confirmar esa idea. No sólo parece ser cierto que la primera impresión cuenta, sino que muchas investigaciones afirman que las primeras impresiones pueden tener más poder del que imaginábamos.

Un estudio de la Universidad de Princeton reveló que en sólo una décima de segundo nos creamos una imagen de la persona en base a su apariencia facial. Una décima de segundo basta para crear una primera impresión, que luego será muy difícil de cambiar. Veloz, ¿no? Así funcionan las primeras impresiones. Como una primera foto que impregnará y determinará nuestra idea del otro.

Otro estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cornell (Ithaca, Estados Unidos) llegó a la conclusión de que nuestras primeras impresiones perduran incluso después de interactuar con una persona cara a cara.

Algunas investigaciones afirman que ni siquiera los hechos objetivos harán cambiar las primeras impresiones. Según estos estudios las primeras impresiones son tan poderosas que tienen más peso que los hechos comprobables.

En este sentido, un estudio comprobó que cuando a los participantes del experimento se les explicaba la orientación sexual de una persona, estos seguían creyendo que el individuo era gay o heterosexual basándose simplemente en su primera impresión, aunque su opinión contradijera la información que habían recibido luego.

“Juzgamos libros por sus portadas, y no podemos evitar hacerlo”, dice Nicholas Rule de la Universidad de Toronto.

Así es que una primera impresión puede determinar todo lo que pensamos sobre una persona, y afectar el resto de la relación que tengamos con ella.

Un estudio publicado en la revista Personality and Social Psychology Bulletin reveló que tanto el estilo al vestir como la postura tienen un papel muy importante en las primeras percepciones. Otra investigación demostró que también tiene mucho que ver la fuerza con la que se estreche la mano de alguien. Un apretón de manos flojo da una impresión de pasividad, según algunos investigadores.

Algunas conclusiones
1. Las primeras impresiones se forman en una o dos décimas de segundo. 
2. Las primeras impresiones influyen en nuestros recuerdos sobre la persona.
3. Las primeras impresiones son bastante difíciles de cambiar, incluso en el caso de que veamos información contraria, o los hechos demuestren lo contrario.
4. Las primeras impresiones son bastante exactas. 
5. Las primeras impresiones se pueden producir en la vida real o también online. Según algunos estudios la valoración “online” es en general más negativa.
6. Las primeras impresiones determinan nuestras ideas y juicios sobre esa persona.

Cómo dar una buena primera impresión
1. Presente una apariencia adecuada. Recuerde que la forma de vestir y la postura corporal influyen en la primera impresión. 
2. Adecuado significa estar al tono con la ocasión. Inadecuado es ir demasiado bien o demasiado mal vestido para la ocasión.
3. Intente que la ropa le quede bien.
4. Cuide la forma de expresarse. Use palabras adecuadas a las circunstancias.
5. Use un lenguaje corporal adecuado. Recuerde que la postura corporal, la mirada, los gestos son muy importantes.
6. Escuche con atención.
7. Muestre confianza en usted mismo.
8. Sea expresivo. Comunique lo que quiere decir con amabilidad y firmeza.
9. Dé la mano con la fuerza justa.
10. Sea fiel a su propia esencia y no pretenda imitar a nadie.
 

¿Cómo lidiar con los celos entre hermanos?

Los celos son la respuesta natural ante la amenaza de perder el amor de la persona amada por la aparición de un tercero. En la infancia, los celos son un sentimiento intenso ante la aparición de un hermanito. ¿El miedo? Miedo a perder el amor de los padres debido a la aparición del hermanito.

Así, el nuevo hermano se convierte en un rival que amenaza el amor y la atención exclusiva de los padres.

Cuanto menor es la diferencia de edad, mayores suelen ser los celos. Esto es así, porque un niño de 6 meses y otro de dos años necesitan casi las mismas cosas. Y la rivalidad se hace sentir. El amor y la dedicación de los padres que el hermano mayor recibía con exclusividad, se ve amenazado por los requerimientos del nuevo niño.

Aunque la diferencia de edad sea mayor, los celos suelen aparecer. Y el hermano más grande, luchará por recuperar atención y los momentos exclusivos con sus papás. Por supuesto, los celos van en los dos sentidos, de parte del mayor hacia los hermanos menores y viceversa.

Hay que entender que se trata de un sentimiento normal. Y es necesario que los padres  aprendan a lidiar con estos sentimientos infantiles que suelen convertir el hogar en una guerra. Los celos pueden desatar una verdadera batalla campal que arruina la paz familiar.

Cuando llega un nuevo hermanito son normales los cambios de conducta del hermano mayor para llamar la atención de los padres.  No es un momento fácil. La casa y la convivencia familiar pueden convertirse en una  batalla territorial entre  hermanos por la intensidad de los celos.

¿Qué hacer? ¿Cómo manejar estos sentimientos intensos y difíciles de llevar?

 

Tips para disminuir los celos  entre hermanos

 

1. Armarse de paciencia.

 

2. No compararlos entre ellos.

 

3. No meterse ni bien comienza el conflicto entre hermanos. Esperar. Muchas veces ellos mismos lo resuelven si damos un tiempo.

 

4. Buscar acuerdos.

 

5. Enseñarles a negociar.

 

6. Demostrarles que pelear no va a llevarlos a llamar más la atención.

 

7. Balancear la dedicación entre los hermanos. Encontrar algún momento del día  donde pueda dedicarse exclusivamente a cada niño. Leerle un cuento, jugar con él, tener media hora con él y convertirlo en su momento especial.

 

8. Tratar de modificar las rutinas lo menos posible. Seguir saliendo al parque, leerle un cuento todas las noches y mantener sus actividades los fines de semana, tal como lo hacían antes de la llegada del hermanito.

 

9. Mantener la calma. Hay que mantenerse tranquilo ante los celos. Tratar de calmar al niño y explicarle lo que siente.

 

10. Recalcar las ventajas de ser mayor. Mostrarle los beneficios que tiene por ser el hermano mayor. Puede ver la tele con los padres o ir al cine, o jugar a juegos de grande,  se va a dormir más tarde, puede comer cosas que el bebé no puede, etc.

 

11. Promover el juego: El juego es un momento de satisfacción y de felicidad para los niños. Hacer que los hermanos jueguen juntos los hará sentirse cómplices y estar felices de tenerse el uno al otro.

 

12. Reconocer los buenos comportamientos: Destacar los buenos comportamientos es muy importante y positivo. Siempre hay que remarcar los logros y lo que el niño hizo bien. Eso le dará seguridad.

 

13. Destacar la importancia de compartir: Es una gran oportunidad para que los niños aprendan a compartir.

 

14. Demostrarle amor: Con palabras, con gestos, con actos. Es importante que el niño se sienta amado por lo que es. Amado en su singularidad. Eso le dará confianza y seguridad.

 

15. Hablar de los celos con ellos: Los niños pueden no entender lo que les está pasando. Para tranquilizarlos es bueno que sepan que lo que les pasa es normal, que no tienen que sentirse culpables por no poder evitarlo. Cuando se sientan comprendidos, el miedo de perder el amor disminuirá.

 

Algunas manifestaciones de los celos entre hermanos:

• Imitarlo en todo.

• Pelarse con frecuencia, de manera verbal o con agresiones físicas.

• Enfermarse más seguido.

• Tratar de llamar la atención constantemente

• Cambios de conductas.

• Regresiones. Los niños pueden volver comportarse como si fueran más pequeños. Pueden volver a hacerse pis en la cama, o querer usar chupete otra vez, etc.

• Caprichos y mala conducta.

 

El ejercicio físico y el cerebro

Es bien sabido que la actividad física mejora la salud integral y la calidad de vida. Ahora, nuevas investigaciones ponen el foco en los efectos benéficos de la actividad física en la salud del cerebro.

De este modo, la ciencia afirma y confirma que el ejercicio es especialmente importante para la salud del cerebro. Y una de las formas en que el ejercicio ayuda mejorar la salud del cerebro es mejorando la circulación y consecuentemente propulsando la llegada de sangre regularmente al cerebro durante todo el día.

Como la sangre transporta oxígeno al cerebro, cuanto mayor sea la circulación, mejor funcionarán todos los sistemas.

Un estudio publicado en Frontiers enfatiza la importancia de hacer ejercicio, particularmente en personas de edad avanzada.

Para realizar el estudio se les pidió a corredores de 50 a 80 años que dejaran de ejercitarse durante diez días. Estas personas estaban entrenadas y habían corrido por más de 15 años por lo menos 4 horas a la semana.  Tres no lograron hacerlo  porque su cuerpo les pedía moverse.  Pero varios sí lo consiguieron. El estudio determinó, que en tan sólo diez días se había presentado una pronunciada disminución del flujo sanguíneo al cerebro, en los corredores que habían dejado de ejercitarse.

Los científicos notaron la disminución en ambos lados del hipocampo, que es el área responsable de la formación de memoria y su procesamiento. Por lo tanto, el estudio sugiere que mantenerse físicamente activo podría ayudar a  evitar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Muchos especialistas recomiendan tener por semana 150 minutos de actividad aeróbica moderada y 75 de alta intensidad.

En este sentido, Gretchen Reynolds escribió en el NY Times:

“El ejercicio es particularmente importante para la salud del cerebro porque parece aumentar el flujo de sangre a través del cráneo, no solo durante la actividad real, sino durante el resto del día.

En estudios neurológicos anteriores, cuando las personas sedentarias comenzaron un programa de ejercicios, pronto desarrollaron un flujo sanguíneo aumentado en sus cerebros, incluso cuando estaban descansando y sin correr o moverse de otra manera”.

Del mismo modo, otro estudio publicado en la revista científica NeuroImage afirma que el ejercicio físico aumenta la conectividad y la eficiencia cerebrales y favorece la adquisición de habilidades motoras. Además, libera una parte del cerebro para que podamos hacer otras cosas.

La investigación, liderada por el Dr. Fabien Dal Maso, buscaba entender por qué el cerebro funciona de manera más eficiente luego de una sesión de ejercicio, algo que los doctores habían notado en estudios anteriores.

Para entender esta cuestión realizaron una experimentación. Los investigadores le dieron una tarea simple a sus voluntarios: mover un cursor en una pantalla utilizando un control especial que mide la fuerza y técnica de cada usuario. Luego de usarlo por 30 minutos, se le pidió a un grupo hacer un corto ejercicio de 15 minutos, y a otro simplemente se le dio un momento de descanso.

Los científicos midieron la actividad cerebral de cada participante mientras realizaban estos ejercicios, para poder comparar más adelante. Los resultados indican que las personas que utilizaron esos 15 minutos para hacer ejercicio fueron más veloces para adaptarse a las particularidades del control, aprendiendo a usarlo en menos tiempo que sus pares que tomaban descansos.

Su actividad cerebral era más alta y rápida, según las mediciones, en comparación con quienes se mantenían en reposo.

La razón para estos resultados, según los doctores que participaron en el estudio, es que el ejercicio funciona como un botón de “liberador de espacio” para la mente.

Dr. Fabien Dal Maso escribió: “Debido a que las partes activas del cerebro son menos en las personas que hicieron ejercicio, los recursos neuronales disponibles pueden ser utilizados más rápido en otras tareas.

El ejercicio simplemente libera espacio ocupado en tu mente para hacer y aprender otras cosas”.

Los investigadores también encontraron una relación entre la cantidad de sueño que los participantes recibían la noche anterior y su capacidad para aprender.

Cuidar es cerebro y mantener sus funciones cognitivas es fundamental para tener una buena vida. La atención, la memoria, la capacidad de aprender, la coordinación motriz, el lenguaje son pilares de nuestro bienestar actual y futuro. Todo lo que podamos hacer en ese sentido es bienvenido.

¿Qué son los trastornos de ansiedad?

La ansiedad es una sensación que experimentamos cuando enfrentamos  situaciones que  consideramos   difíciles o   amenazadoras. Esta ansiedad es necesaria porque ayuda mantenerse alerta y concentrado.

El diccionario nos explica: “La ansiedad es una emoción que surge cuando una persona se siente en peligro, sea real o imaginaria la amenaza. Es una respuesta normal, que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Por lo tanto, tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad.”.

Cuando la ansiedad se convierte en algo inmanejable y frecuente, al grado de impedir que afrontemos los desafíos  de   la   vida   diaria,   estamos frente a un TRASTORNO DE ANSIEDAD.

Trastornos de ansiedad
Se habla de “trastorno de ansiedad” cuando se experimenta un gran miedo y una preocupación incesante, aunque no haya una razón externa y racional para ello. Se trata de una perturbación psíquica que hace que se vivan con extrema angustia distintos tipos de situaciones.

En los Trastornos de Ansiedad la causa del malestar está en el interior de la persona y no en el exterior.

Los trastornos de ansiedad provocan estados de preocupación, ansiedad o miedo tan fuertes que interfieren con la vida diaria. La persona que lo padece no puede controlar ni su ansiedad, ni los síntomas que la ansiedad causa. Toda su vida se ve perturbada.

Síntomas de Trastorno de Ansiedad
No todas las personas tienen los mismos síntomas. Ni todos los síntomas tienen la misma intensidad en todos los casos. Tampoco se dan todos en una persona…

Entre los síntomas más frecuentes encontramos:

  1. Síntomas Físicos: Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la alimentación, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad, alteraciones del sueño, la alimentación y la respuesta sexual.
  2. Síntomas Psicológicos: Inquietud, agobio, sensación de amenaza o peligro, ganas de huir o atacar, inseguridad, sensación de vacío, sensación de extrañeza, temor a perder el control, recelos, incertidumbre, dificultad para tomar decisiones, temor a la muerte, a la locura, o al suicidio.
  3. Síntomas en la Conducta: Estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud motora, dificultad para estarse quieto y en reposo, cambios en la expresividad corporal, posturas cerradas, rigidez, movimientos torpes de manos y brazos tensión de las mandíbulas, cambios en la voz, etc.
  4. Síntomas Cognitivos: Dificultades de atención, concentración y memoria, aumento de los descuidos, preocupación excesiva, expectativas negativas, pensamientos distorsionados e importunos, incremento de las dudas, sensación de confusión, tendencia a recordar cosas desagradables, abuso de la prevención, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.
  5. Síntomas Sociales: Irritabilidad, ensimismamiento, dificultades para iniciar o seguir una conversación, dificultades para expresar las propias opiniones, temor excesivo a posibles conflictos, etc.

Tipos de Trastornos de Ansiedad
El DSM IV hace una clasificación de los trastornos de ansiedad.

Entre los trastornos de ansiedad más frecuentes se encuentran:

  • Fobias específicas: miedos intensos, respecto a determinados objetos o situaciones.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo: se caracteriza por sentimientos o pensamientos persistentes, incontrolables y no deseados (obsesiones) y rutinas o rituales que realizan las personas para tratar de evitar o para liberarse de estos pensamientos.
  • Trastorno de pánico: Implica sentimientos repentinos, intensos de terror y pavor. Las personas que tienen este trastorno desarrollan mucho miedo respecto a cuándo y cómo se producirá su próximo ataque de pánico, y en consecuencia a menudo limitan sus actividades.
  • Trastorno por estrés postraumático: un trastorno que aparece como respuesta a una situación altamente estresante o “traumática”.
  • Trastorno de ansiedad generalizada: las personas con este trastorno tienen miedos o preocupaciones recurrentes como, por ejemplo, la salud o la situación económica. Y suelen tener una sensación constante de que algo malo está por suceder.

Tratamiento
Si no se tratan, los trastornos de ansiedad pueden tener consecuencias que compliquen aún más la vida de la persona. Algunas personas que tienen ataques de pánico evitan las situaciones que suponen podrían desencadenar un ataque. Esta conducta evasiva puede crear problemas en el trabajo, obligaciones familiares u otras actividades.

Los trastornos de ansiedad no tratados pueden ocasionar otros trastornos psicológicos, como depresión, abuso de alcohol y otras drogas.

Así mismo pueden generar un alto nivel de sufrimiento personal, problemas en el funcionamiento familiar, en la pareja y en las relaciones interpersonales

La mayoría de los casos de trastornos de ansiedad pueden ser tratados satisfactoriamente por profesionales de la salud apropiadamente capacitados.

Si usted no puede manejar su ansiedad es necesario que busque ayuda profesional.

Atención: llegó la Generación Z

Ya están aquí. Pisando fuerte. Son los jóvenes de la Generación Z. Nacieron entre finales del siglo XX y la primera década del siglo XXI. Es decir, entre 1995 y 2010. Ya se hacen notar y ya empiezan a dejar su marca en el mundo.

También conocidos como Centennial. Son los hermanos menores de los Millennials.  El término Millennial, indica que esa fue “la última generación del milenio”. Los llamados Centennial, o “Generación Z”, en cambio, son la primera generación del siglo 21. 

Crecen de prisa. Avanzan con comodidad en el mundo virtual y en el mundo real.

Son nativos digitales. Nacieron y crecieron con un smartphone o una tablet pegados a su cuerpo. Se dice de ellos que llevan la tecnología en el bolsillo. Han nacido en una era completamente digitalizada y con la alta velocidad.

Es una generación que ha disfrutado de Internet desde la primera infancia. Son rápidos y exigentes. Viven más online que offline. Muchos creen que es la generación que va a cambiar el mundo. De hecho, ellos quieren cambiar el mundo, aunque aún no saben cómo hacerlo.

Los integrantes de la Generación Z, se diferencian de los Millennials. Ambas generaciones comparten algunas características. Pero los Z nacieron en un periodo de crisis económica.  Muchos sostienen que este hecho los marcó, convirtiéndolos en sujetos más realistas, más emprendedores y más pragmáticos. También son más autónomos, más resolutivos y más  críticos. Los Millennials y la Generación Z son parecidos, pero diferentes.

Los jóvenes y adolescentes de la Generación Z tienen conciencia colectiva y una mayor preocupación por la salud, por la ecología y por la economía. Les preocupa el medio ambiente, el bienestar común, y el destino planetario.

Aprenden continuamente desde distintas plataformas y medios digitales. Prefieren la imagen para comunicarse. YouTube es su espacio natural. Un 70% de los Z pasa más tiempo en este canal que viendo televisión. Prefieren vídeos cortos, mensajes rápidos, y nuevas redes sociales como Snapchat, Kik, Secret o Whisper. Son verdaderos expertos en el manejo de pantallas simultáneas.  Son capaces de visualizar cinco pantallas, frente a las dos pantallas de los Millennials.

El lado menos positivo o más preocupante es que su nivel de atención es más bajo: 8 segundos frente a los 12 del año 2000. Y hasta un 11% de estos chicos está diagnosticado con déficit de atención.

Características de la Generación Z

  • Son emprendedores por naturaleza.
  • Cuidan el medio ambiente. Les molesta que la gente no tenga cultura ecológica.  No entienden que se maltrate a los animales.
  • Les preocupa la estabilidad económica.
  • Saben el valor del dinero desde una edad muy temprana.
  • Prefiere comprar en las tiendas virtuales.
  • Son muy activos.
  • No conciben la vida sin internet.
  • Los dispositivos móviles y las aplicaciones forman parte de sus vidas. Pueden utilizar hasta 5 pantallas al mismo tiempo.
  • Prefieren los “emoticones” y “emojis”. Utilizan los textos de manera mínima.
  • Se distraen cada 8 segundos en algo nuevo. Según estudios médicos, un 11 por ciento de este segmento fue diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención (TDA)
  • Son muy abiertos. Aprecian y ven como normal la diversidad sexual y otras diversidades.
  • Valoran la inclusión y la justicia.

Algunos datos

  • Según la revista Forbes, el 33 %  aprende mirando tutoriales de Youtube. El 32 % realiza de esta forma sus deberes y tareas.
  • De acuerdo a Deusto Business School y Atrevia, el 64 % de miembros de la “Generación Z” cree necesario que se invierta en educación, por lo que su formación “online” y autodidacta es una manera de suplir esa carencia.
  • Según el informe de Deusto y Atrevia, el 92 %  consideran al Smartphone su principal fuente de información, tanto para la actualidad como para decidir sus compras.
  • De acuerdo con la revista Forbes, los jóvenes de esta generación pasan tres horas diarias frente a la computadora además de las que dedican a sus deberes o trabajo.
  • Son emprendedores. Según información publicada por la revista Forbes, el 72 % de ellos no quiere depender de un jefe. Además, de acuerdo con un estudio de la consultora Sparks and Honey, el 40 % quiere montar su propio negocio.
  • Usan las redes sociales, pero son más selectivos.
  • La “Generación Z” valora la privacidad y lo efímero. Prefieren las “stories” de Instagram o, según Forbes, redes como “Snacphat”, e incluso algunas menos conocidas como “Whisper” o “Secret”.
  • Los “Z” compran por internet, pero desde el Smartphone más que desde una computadora.

Hablemos de fobias

¿Qué es una fobia?
Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad. Se caracteriza por un miedo intenso a objetos o a situaciones.  Es un temor fuerte e irracional a algo que no representa un peligro real.

Es un terror que la persona no puede controlar. Aunque comprenda que la situación o el objeto no representa un peligro real, no puede controlar el terror que le causa. Por eso se considera que es un miedo irracional. Inmanejable. Hay que entender que no se trata sólo de miedo, que todos podemos  sentir. La fobia implica una crisis de ansiedad inmanejable.

Las personas con fobias intentan evitar el encuentro con lo que les provoca miedo. Tratan de no exponerse a la situación que los aterra, por ejemplo, una persona con acrofobia, que es el temor a las alturas, organiza su vida para no estar expuesto a la altura jamás.

Sin embargo, a pesar de sus precauciones, puede ocurrir que el fóbico se vea obligado a enfrentarse con su objeto aterrorizador. En ese caso la persona puede tener una crisis de ansiedad.

Si el fóbico se ve expuesto a aquello que lo aterroriza puede sentir:

  • Pánico y miedo
  • aquicardia, cuando el corazón late muy rápido
  • Falta de aire. Sensación de ahogo
  • Temblores
  • Un fuerte deseo de huir
  • Desesperación

Los expertos calculan que las fobias tienen una incidencia en el 5% de la población mundial. Una de cada 20 personas padece algún tipo de fobia. Un estudio en EE.UU realizado por el National Institute of Mental Health (NIMH) halló que entre el 8,7 % y el 18,1 % de los estadounidenses sufren de fobias.

Normalmente se las clasifica en dos tipos:

  • Específicas: miedo a ciertos objetos, animales o fenómenos.
  • Sociales: ansiedad extrema frente a determinados acontecimientos.

Las específicas son más frecuentes y más fáciles de mantener en el tiempo, sin superarlas. Mucha gente padece una fobia específica pero ésta no le afecta, ya que, por la vida que lleva, es casi imposible que se encuentre con aquel objeto que le causa fobia.

Las fobias limitan la vida de la persona. El fóbico renuncia a muchas cosas con tal de evitar el encuentro con lo que lo aterroriza.

Fobias más comunes
La revista BBC Focus publicó un listado con las 10 fobias más comunes del mundo:

  • Aracnofobia: Miedo a las arañas.
  • Herpetofobia: Miedo a las serpientes y reptiles. Está en la categoría de las zoofobias (fobia a los animales), al igual que la aracnofobia.
  • Brontofobia: Miedo a los rayos. Es una fobia muy común en niños.
  • Tripanofobia: Miedo a las agujas e inyecciones. En muchos casos su sola presencia puede afectar a la persona que sufre de esta fobia. También son los niños los que la sufren más.
  • Claustrofobia: Miedo a los espacios cerrados. Se trata de uno de los trastornos de ansiedad más comunes.
  • Dentofobia: Miedo a los dentistas. Otra fobia bastante común en niños.
  • Aerofobia: Miedo a viajar en aviones y volar.
  • Agorafobia: Miedo a espacios abiertos.
  • Cinofobia: Miedo a los perros
  • Acrofobia: Miedo a las alturas

Nuevas fobias
En los tiempos modernos han aparecido nuevas fobias, como consecuencia de los cambios de vida y de la presencia de la tecnología en la vida cotidiana. 

  • Macrophobia: Miedo a largas esperas.
  • Nomofobia: Miedo a no tener el teléfono. Este término se acuñó en Reino Unido al descubrir que el 54% de los británicos siente pánico al no tener   su móvil.
  • Retterofobia: Miedo a escribir mal un mensaje de texto en el móvil.
  • Editiovultafobia: Aprensión y recelo a Facebook y a las redes sociales.
  • Tecnofobia: Miedo a no saber usar la tecnología.
  • Ciberfobia: Miedo a usar computadoras o a tener contacto con el mundo de la informática. Suele ser común en personas mayores.
  • Fomobia: Sus siglas significan Fear of Missing Out, y consiste en el miedo a estar desconectado de las redes, y perder nueva información interesante de Internet. Esta fobia cada vez está más extendida.
  • Telefonofobia: Miedo a realizar o recibir una llamada. Miedo a no saber que decir por teléfono, el quedarse en blanco o bloqueado.

Un poco de filosofía

En la actualidad la antigua filosofía estoica vuelve a estar en boca de todos. Como si algo de lo que pasa en la actualidad llevara a volver a mirar a aquellos filósofos que trataron de entender la vida en el año 300 antes de Cristo.

¿Qué es la filosofía estoica?
La filosofía estoica surgió en Grecia antigua, justamente alrededor del año 300 A.C.

Su fundador fue un curioso personaje nacido en la isla de Chipre, llamado Zenón de Citio. Su padre era un exitoso comerciante, y Zenón siguió el mismo camino que había elegido su padre. A pesar de haber mostrado en su primera juventud cierta inclinación por la filosofía, renunció a sus inquietudes y se convirtió en comerciante, siguiendo así el negocio del padre.

En aquellos años gran parte del comercio se realizaba a través de la navegación. Se importaban y se exportaban mercaderías que se trasladaban en barcos.

Fue en uno de esos viajes en el que la vida de Zenón cambió definitivamente.

Cuenta la historia que Zenón naufragó en Atenas cerca del 300 A.C. El barco transportaba púrpura de Fenicia. En ese naufragio Zenón perdió todas sus pertenencias. Quedó literalmente en la ruina. Se encontró así, sin nada, a miles de kilómetros de su casa, solo, sin dinero ni nadie dispuesto a ayudarlo.  Para muchas personas hubiera sido una tragedia insalvable. Muchas personas no hubieran podido recuperarse de semejante golpe. Pero Zenón de Citio, hizo algo distinto.

Nos podemos imaginar que el filósofo aquel día se sentiría vencido. Acababa de perder todo. No le gustaba el oficio de su padre. Tenía treinta años y pensaba que le gustaría tener un tipo de vida distinto.

Se encontraba en Atenas, el centro de la cultura mundial de aquellos años. Cuentan que para recuperarse de la horrible pérdida que había sufrido fue a descansar a una librería. Allí se puso a hojear los Comentarios de Jenofonte. Quedó fascinado por la figura de Sócrates, un filósofo que había iluminado a la Grecia Antigua. Leyó cada vez con más ansiedad hasta que en un determinado momento dijo: «¡Cómo me gustaría conocer a un hombre así!» El librero, indicándole a un anciano que en aquel momento pasaba delante de su tienda, le dijo: «Sigue a ése.»  Era Crates.

A partir de ese momento Zenón se convirtió en su diciípulo y empezó a dialogar con los filósofos atenienses. Su vida dio un giro de 180 °. Finalmente había encontrado su destino. Necesitó perderlo todo para encontrar su verdad.

A partir de esta experiencia fundó la escuela estoica, con una filosofía basada en la virtud, la tolerancia y el autocontrol.

Con el paso del tiempo los atenienses lo admiraron tanto que le entregaron las llaves de la ciudad, le ciñeron la cabeza con una corona de oro y le erigieron, después de su muerte, una estatua de bronce.

El nombre Estoicismo viene del lugar en el que Zenón comenzó, en el año 301 A. C., a dar sus lecciones. Ese lugar era la Stóa poikilé, que era el Pórtico pintado del ágora de Atenas. Allí se reunían sus seguidores para escuchar sus lecciones.

El estoicismo fue una escuela de vida. Los estoicos ven el universo omo un todo armonioso y causalmente relacionado (es decir, todo está relacionado por una serie de causas), que se rige por un principio activo, el Logos cósmico y universal del que el hombre también participa.