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A Corazón Abierto- Dra. Amparo

¿Qué son los ataques de pánico?

Los ataques de pánico son episodios de miedo agudo que sobrevienen de repente sin que exista en ese momento ningún peligro externo. Generalmente aparecen de manera inesperada, y pueden alcanzar su máxima intensidad en unos 10 minutos. Se trata de un miedo indeterminado que causa reacciones físicas que asustan aún más al que lo padece. De este modo, por los síntomas físicos que tiene se puede creer que se está teniendo un ataque cardíaco o que se va a morir o que uno se está volviendo loco. Estas percepciones y creencias aumentan el miedo y la sintomatología, generando una situación de alta ansiedad y sufrimiento.

Durante el ataque de pánico la persona puede sentir que se ahoga, que tiene palpitaciones, que su corazón se acelera, que no puede respirar bien. Puede sentir mareos, calambres, sensación de extrañeza, inestabilidad, y una serie de síntomas que la persona afectada por el ataque de pánico suele interpretar como un ataque cardíaco.

Los ataques de pánico suelen ser breves y disminuyen por lo general pasados los diez minutos. Tienen una duración variable que oscila entre 10 y 30 minutos. Pero, a pesar de que, generalmente, duran sólo unos pocos minutos, las personas afectadas sienten que se extienden por una eternidad debido a las sensaciones que causan. Es una experiencia terrorífica, que suele dejar un gran miedo a que se repita. Se dice que el primer ataque de pánico no se olvida jamás. La persona queda marcada por ese episodio. Y con miedo a que quizás vuelva a ocurrirle.

Los ataques de pánico pueden aparecer cuando se están viviendo situaciones de mucho estrés de manera prolongada. Pero, curiosamente, no es en el momento del pico de estrés cuando aparecen, sino en una situación relajada. De este modo, el episodio de pánico suele desencadenarse en cualquier momento.  Haciendo una actividad cualquiera como manejar, mirar televisión, hacer compras, o caminar por una plaza.  De pronto, aparecen las palpitaciones, el corazón golpea como si fuera a salirse del pecho, aparece un colosal temor a morir o a enloquecer, sudoración en el cuerpo, hormigueo en las extremidades, desesperación, ahogo. El ataque de pánico ha comenzado.

Muchas personas tienen uno o dos ataques de pánico en toda su vida, y el problema desaparece cuando se resuelve la situación estresante. Sin embargo, si los ataques de pánico son frecuentes y se vive  con miedo constante de sufrir otro ataque, es probable que se trate una afección llamada “trastorno de pánico”.

El trastorno de pánico se instala cuando se han repetido dos o más crisis y empieza el temor a que el ataque se repita. A  partir de allí la vida de la persona afectada comienza a verse restringida. El miedo a que el episodio se repita hace que no efectúe sus actividades habituales por temor a volver a padecer una crisis.

En todos estos casos es necesario hacer una consulta profesional para evaluar la situación y para que el médico indique el tratamiento adecuado.

 

Recuerde que usted no puede, ni debe, auto-diagnosticarse. Sólo un profesional de la salud está en condiciones de hacerlo.

Cuanto antes se recurra a la consulta con el profesional y se comience el tratamiento, más rápido se procede a la recuperación. Si no se trata, el trastorno de pánico puede disminuir la calidad de vida, ya que puede llevar a tener problemas en el trabajo, en la escuela, y en los vínculos.

Es importante saber que los ataques de pánico en sí mismos no ponen en riesgo la vida, pero afectan de manera significativa la calidad de vida.

Los síntomas más comunes que suelen aparecer son:

  • Sensación de peligro o fatalidad inminente.
  • Miedo a perder el control, a estar sufriendo un infarto o a morir.
  • Taquicardia. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudor.
  • Temblores o sacudidas.
  • Falta de aliento u opresión en la garganta. Sensación de atragantarse.
  • Escalofríos
  •  Sofocos.
  • Náuseas. Calambres y molestias abdominales.
  •  Dolor en el pecho. Opresión o malestar torácico.
  • Dolor de cabeza.
  • Mareos, inestabilidad, sensación de desvanecimiento o desmayos.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueos en las extremidades o en otras partes del cuerpo.
  • Sentimientos de irrealidad, de despersonalización o desconexión.
  • Sensación de ahogo.

¿Cómo controlar un ataque de pánico?

  • Practicar una técnica de respiración. Los ataques de pánico van acompañados a menudo de hiperventilación y dificultades para mantener un ritmo respiratorio normal. Controlar y calmar la respiración es de gran ayuda. En vez de hiperventilar, respirar más lentamente.
  • Aprender relajar los músculos.
  • Cambiar el foco de la atención. Tratar de pensar en otra cosa.
  • Tratar de recordar que los síntomas son una reacción al estrés. Calmarse. Tratar de recordar que se trata de un ataque de pánico y que los síntomas pasarán a medida que se pueda calmar.

Recuerde: los trastornos de pánico pueden tratarse. Es necesario hacer una consulta con un profesional médico para que haga la evaluación e indique el tratamiento adecuado.

 

El duelo en los niños

La pérdida de alguien querido siempre es una situación grave y difícil de afrontar. Después de la pérdida comienza un complejo proceso psíquico al que denominamos duelo. Este proceso requiere del paso del tiempo. Se considera que el duelo normal dura entre 6 meses y dos años. Durante ese período el psiquismo de la persona está ocupado procesando la pérdida y reconfigurando su mundo.

Los niños hacen el duelo a su manera. Por su edad y por su desarrollo emocional, procesan y manifiestan el dolor de una manera distinta a los adultos. Eso no significa que no estén sufriendo o que no necesiten ayuda para elaborar la pérdida. Los niños pueden mostrar su tristeza con cambios en la conducta,  como manifestar conductas agresivas, hiperactividad, fobias, déficit de atención, aislamiento, enojos, caprichos, miedos, regresiones a etapas anteriores, etc.

Es necesario que los adultos puedan entenderlos y acompañarlos en este difícil proceso de duelo. En muchos casos, los propios adultos están atravesando su propio duelo y no encuentran fuerzas para ayudar al niño. Es necesario que el adulto se calme en su dolor y se reorganice internamente para poder acompañar al niño. ¿Pero cuál es la mejor manera de hacerlo?

 

¿Cómo ayudar a los niños afrontar un duelo? Algunos consejos:

• Explicarles lo sucedido.
Es conveniente que la noticia del fallecimiento se la dé una persona cercana emocionalmente al niño. Es preferible que sea alguno de los padres y si no puede ser, que sea otro familiar muy próximo. Hay que tratar de estar tranquilos en el momento de darles la noticia, transmitirles calma y serenidad sin reprimir la tristeza ni los sentimientos que fluyan. Lo importante es que el niño sienta que puede encontrar apoyo, respuestas y consuelo en el adulto.

• Darles espacio y libertad.
Darles espacio y libertad para que el niño exprese sus sentimientos sin presiones. Quizás no lo hace en el momento de los hechos sino tiempo después. No hay que ponerse ansioso. Es fundamental respetar los tiempos de cada niño. Los niños pueden expresar sus sentimientos a través de dibujos, juegos, acciones. No siempre lo hacen a través de la palabra. Es necesario que el adulto esté atento a estas manifestaciones del pequeño.

• ¿Cómo hablarles?
Con la mayor sencillez posible. Podemos utilizar la palabra “muerte” y dar una explicación sobre la muerte un como proceso natural. Tratar de hablar sin miedos ni pudores.

• ¿Cómo contestar a las preguntas que hace el niño?
Es recomendable contestar todas sus preguntas de forma simple y honesta. Si nos pregunta qué pasa después de la muerte y no tenemos una respuesta podemos decir que no sabemos. Podemos expresar nuestras dudas si no tenemos la respuesta a sus preguntas. Hablar con claridad de lo que sabemos y no tener miedo a decir que no sabemos, si ese es el caso.

• No mentir
No recurrir a mentiras para explicar la ausencia de la persona. Las mentiras pueden traer problemas y dificultan el proceso del duelo. Hablar siempre con la verdad que el niño pueda entender según su edad.
 
• Dar una explicación adecuada según la edad
Tenemos que adecuar la forma de explicar la pérdida según la edad, el desarrollo cognitivo y madurativo del niño. Hay que respetar los ritmos y los tiempos del menor. Y tener en cuenta lo que el niño puede asimilar y lo que necesita saber sin que sea demasiado abrumador.

• ¿Los niños/as pueden ir al funeral?
Si. Participar de los ritos funerarios les puede ayudar a comprender y aceptar la muerte. Pero no hay que obligarlos ni llevarlos a la fuerza. Es aconsejable explicarles previamente cada situación y ofrecerles la posibilidad de que elijan si desean participar o no.

• ¿Es bueno seguir hablando de la persona fallecida?
Si. Si el niño lo desea hay que permitirle hablar de la persona fallecida. Recordarla. Preguntar por ella. Sin obligarlos si no quieren hablar. Siempre hay que respetar los ritmos del niño y hacerles saber que uno está disponible para hablar siempre que ellos lo deseen.

• Ayudarlo a reconocer y a expresar sus emociones
Explicarles que es natural el sentir tristeza y deseo de volver a ver a la persona. Nunca censurar sus emociones diciendo: “no llores” o “no estés triste”. No criticarlo si siente miedo de noche, o miedo a la oscuridad. Ayudarlo a enfrentar sus miedos y entender que la aparición de miedos es parte del duelo.

• Darles apoyo emocional
El adulto debe permanecer físicamente, con cariño, besos, abrazos, y emocionalmente cerca de los niños. Darles afecto. Acompañarlos. Que sientan la cercanía y la presencia. Ya sea jugando con ellos, compartiendo momentos, ofreciéndoles mirar una peli con ellos, y manteniéndose siempre dispuestos a hablar, a escucharlos y a ser comprensivos con el proceso de duelo que el niño, a su manera, está atravesando.

• Retomar los hábitos cotidianos
Es muy aconsejable retomar las actividades cotidianas lo antes posible. Volver a los hábitos y a las reglas  sin demasiadas exigencias y sin fingir que la pérdida no ha tenido lugar. El orden externo ayuda a la confusión psíquica que produce el duelo.

 

Seis señales de peligro en una pareja

La forma en que cada pareja resuelve sus conflictos es central para predecir el destino que tendrá esa unión. En un matrimonio saber discutir es un arte. Es sabido que las diferencias entre las personas son inevitables. Y esas diferencias son las que llevan a discutir y a enfrentarse.

Son muchos los temas que una pareja debe acordar y negociar. Temas personales, sexuales, económicos,  familiares, temas de convivencia y de responsabilidades en las tareas domésticas, temas vinculados a la educación de los hijos, etc.  

Digamos que casi todo puede ser un motivo de discusión. Ahora bien, para que una pareja perdure es necesario que encuentren un modo de lidiar con las diferencias. Un modo que les permita escucharse, entenderse, y llegar a acuerdos. No es fácil, claro está. Pero tampoco es imposible.

John M. Gottman, uno de los más famosos investigadores sobre estos asuntos,  ha investigado de manera especial el comportamiento de las parejas a la hora de discutir. John M. Gottman es profesor de Psicología en la Universidad de Washington y codirector de The Gottman Institute.

Su trabajo sobre la pareja ha merecido elogios por su rigor científico al observar los hábitos de innumerables parejas a lo largo de más de 25 años. Es conocido mundialmente por su trabajo sobre la estabilidad matrimonial y la predicción del divorcio.

Después de años de investigación, el psicólogo asegura que existen señales muy claras que permiten predecir el divorcio de una pareja. En su love lab (laboratorio del amor) pide a las parejas que busquen un tema de discusión habitual y las observa. El objetivo de esta observación es identificar conductas específicas que puedan llevar a la ruptura.

Siguiendo los lineamientos de Gottman, producto de sus investigaciones, especialistas han elaborado esta lista que indica las señales de alerta que debe tener en cuenta una pareja, poniendo el énfasis en el modo con el que encaran las discusiones y peleas.

1. Iniciar las discusiones de manera violenta: Cuando una pareja comienza la discusión con violencia, con agresiones y perdiendo el respeto al otro, la discusión está destinada al fracaso. La investigación demostró que si la discusión empieza con un planteamiento violento, terminará de peor manera. Según el trabajo de Gottman se puede predecir el resultado de una conversación basándose en los primeros tres minutos. Consejo: Si se inicia una discusión de manera violenta es mejor dejarla y hablar en otro momento. Es importante encontrar un mejor modo de encarar las diferencias.

2. Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: John Gottman, detectó cuatro comportamientos que resultan seguros predictores de problemas graves. Se trata de cuatro comportamientos que, de mantenerse en el tiempo, llevará a que la relación de pareja acabe rompiéndose casi con seguridad:

Crítica destructiva. Una crítica destructiva incluye etiquetas, descalificaciones y generalizaciones, se expresa en segunda persona, con tono de voz elevado y despectivo. Como su nombre lo indica, busca destruir al otro.

Desprecio: El desprecio incluye insultos, muecas, ironía y sarcasmo. Se utiliza con fines ofensivos y para descalificar a la otra persona. Las expresiones habituales son insultos, mirada de aburrimiento, burla y hostilidad.

Actitud defensiva: Implica responder a la defensiva y contraatacando, lo cual  empeora la situación de conflicto en la pareja.  Sólo sirve para seguir escalando en la disputa.
Encierro: Es dar muestras de indiferencia hacia la otra persona. Hacer como que no se escucha, mirar hacia otro lado, involucrarse en otra actividad, hacer como que el otro no existe.

3. Desborde emocional: es la imposibilidad de pensar con el otro. Las emociones arrasan y no es posible hacer un planteo lógico y en calma.

4. El cuerpo: durante una pelea los latidos del corazón suben a más de 100 por minuto, hay cambios hormonales, sudoración, respiración agitada y corta y otros signos de ansiedad. Cuando se sienten estas reacciones corporales, es mejor tomar conciencia de lo que nos está pasando e interrumpir la discusión. El aumento de la violencia no lleva a nada bueno.

5. Intentos fallidos de reparación: Las parejas que acaban mal son aquellas en que no encuentran un modo de reconciliarse. Los intentos de reparación fallidos forman una espiral hostil que desgasta y empeora la relación. Según Gottman, negarse a oír las explicaciones del otro predice el final de las relaciones en un 90%. Si no es encuentra el modo de reparar cada pelea aumenta el deterioro del vínculo.

6. Malos recuerdos: La última señal de alarma es la manera como la pareja cuenta su pasado en común. Cuando se les pregunta sobre algo de su pasado y eligen recordar momentos negativos podemos decir que la pareja va por mal camino. Los malos recuerdos aplastan a los buenos y dejan un sabor amargo y negativo respecto a la vida en común.

 

¿Cómo nos comunicamos?

La comunicación es la base de los vínculos que establecemos con los demás. Hablar, expresarse, decir lo que nos pasa, lo que sentimos, lo que pensamos, es una de las claves para que nuestras relaciones sean positivas y beneficiosas.  

La comunicación se define como “el intercambio de sentimientos, opiniones, o cualquier otro tipo de información mediante el habla, la escritura u otro tipo de señales”.

 

Los elementos que deben darse para que se considere el acto de la comunicación son:

Emisor: Es quien emite el mensaje.

Receptor: Es quien recibe la información.

Canal: Es el medio físico por el que se transmite el mensaje, como internet, teléfono, etc.

Código: Sistema de señales o signos que se usan para transmitir un mensaje, por ejemplo, el inglés, el castellano, el código morse.

Mensaje: Es lo que se quiere transmitir.

Situación o contexto: Es la situación en el que se desarrolla el acto comunicativo.

Pero, ¿cómo nos comunicamos? ¿Nos sabemos comunicar?

Se dice que una comunicación eficaz es poder comprender el punto de vista del otro y hacer entender el propio. Para eso es necesario, escuchar, respetar el punto de vista del otro y expresar las propias ideas sin agredir y sin temor. No siempre es fácil hacerlo.

Por otro lado, la comunicación humana, es el reino del malentendido. Entre lo que creo decir y lo que el otro entiende suele haber una enorme diferencia. Eso se debe a que cada quién interpreta lo que escucha desde sus propias ideas, códigos y preconceptos. Para escuchar realmente al otro sería necesario suspender por un segundo los propios juicios y tratar de asimilar el mensaje del otro.

Y, además,  a todo este mecanismo comunicacional le tenemos que sumar las emociones que nos embargan. El miedo, el enojo, el odio, el entusiasmo, la envidia, la compasión, son algunas de las emociones que tiñen y distorsionan lo que decimos y lo que escuchamos.

Entonces, comunicarse es un arte complejo que debemos aprender y mejorar. No olvidar que nuestras relaciones con los demás dependen de nuestra capacidad de comunicarnos.

 

Estilos de comunicación

Según los expertos existen tres estilos de comunicación: la comunicación pasiva, la comunicación agresiva y la comunicación asertiva.

Cada persona tiene un estilo de comunicación que predomina en relación a los otros dos. Si bien es cierto que nos solemos comunicar más frecuentemente en uno de estos estilos, podemos ir rotando entre los tres.

Tanto el estilo agresivo como el pasivo en vez de favorecer la comunicación entre las personas, la dificulta. El estilo asertivo, en cambio, es el único estilo de comunicación que facilita la relación entre las personas.

 

1. Comunicación agresiva

Las personas que utilizan este estilo de comunicación tratan de imponer su punto de vista sin importarle la opinión ni los sentimientos de los otros. Usan estrategias como amenazas, intimidación, sarcasmo, descalificación, acusaciones, sentimiento de culpabilidad, enojo y reproches. Sobrevaloran las opiniones y sentimientos propios y desprecian los de los demás.

Usan un tono de voz elevado,  hablan con monólogos no dejando que el otro exprese su opinión. Critican a  los demás. Buscan imponerse. No les interesa lo que piensa el otro. Quieren tener razón siempre. No toleran que las contradigan.

En general, la persona que usa la comunicación agresiva, pelea, acusa, interrumpe, amenaza, agrede a las demás sin tener en cuenta sus sentimientos y tiene tendencia al contraataque.

 

2. Comunicación pasiva

Los individuos que utilizan la comunicación pasiva evitan cualquier confrontación con la otra persona. Tienen una excesiva necesidad por agradar a los demás. Evitan mostrar sus sentimientos y pensamientos por temor a ser rechazados e incomprendidos o por miedo a ofender a otras personas.

No les gusta llamar la atención. No dicen lo que piensan. Prefieren callar y muestran conformidad ante las decisiones de los demás.

Usan un tono de voz excesivamente bajo y vacilante. Se expresan con frases cortas, incluso a veces haciendo uso solamente de monosílabos.

Suelen tener una baja autoestima y mantener este estilo de comunicación aumenta esta baja autoestima.

 

3. Comunicación asertiva

Es el estilo de comunicación más favorable y sana. Es característico de las personas que defienden sus propias opiniones al mismo tiempo que respetan y escuchan las de los demás. Respetan los puntos de vista de su interlocutor, sin silenciar el propio. Tienen buena autoestima, seguridad en sí mismos y se muestran confiadas.

Se dice que la asertividad es un modo de comunicación en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos.

La asertividad impide que seamos manipulados por los demás.  

Las habilidades comunicativas que suelen tener las personas con estilo asertivo son:

Empatía: la habilidad para ponerse en el lugar del otro.

Escucha activa: escuchar evitando realizar interrupciones o juicios previos.

 

¿Qué es el Breadcrumbing?

Coqueteo virtual. Migas emocionales en las redes. Likes. Señales de interés. De todo eso se trata el Breadcrumbing. Explican los especialistas que el Breadcrumbing es el modo digital de llamar la atención del otro. Atraerlo e interesarlo con pequeños indicios virtuales.  Este término inglés proviene de la palabra breadcrumb que significa miga de pan. Y el acto de ir dejando migajas en el mundo digital toma justamente el nombre de breadcrumbing.

¿Pero cuáles son esas migajas que se dejan en el mundo digital? Likes, algún comentario, un emoji, mirar una historia en Instagram. Pequeñas marcas y mínimas señales que indican que hay cierto interés romántico en la persona.

Así, lo que antes hubiera sido una sonrisa, un gesto, una mirada, es ahora una señal digital. El problema del Breadcrumbing es que muchas veces no va más allá. Es sólo eso. Un coqueteo que no significa que la persona quiera ir más allá. Hay que aclarar que este modo de coqueteo en general no se concreta. Queda ahí. Y es esta su característica principal.

Desafortunadamente existen personas pasan mucho tiempo viviendo de las migajas de amor. Se generan expectativas, ilusiones, esperanzas y la persona en cuestión queda  a la espera de una nueva miga. Cada migaja acrecienta su ilusión y la idea de que el otro realmente quiere algo con ella. Esta situación expectante  puede generar un estado de ansiedad y angustia. Ya que del otro sólo recibe cada tanto como única señal una migaja de atención que renueva sus ilusiones.

Por ejemplo pensemos en alguien que alguna red social comienza un pequeño flirteo digital. Likes,  comentarios  intercambios de mensajes que van y vienen mostrando cierto interés. Todo parece ir bien. Parece existir un interés romántico. De pronto un día, sin que haya pasado nada especial, uno de ellos no vuelve a dar señales de vida. Ya no mira las historias, ni le da likes a las fotos. Desaparece. No se sabe qué pasó. Simplemente dejó de prestarle atención. La persona afectada suele hacer miles de interpretaciones para tratar de entender por qué de golpe, sin motivo aparente, el interesado desapareció.

Pero las cosas no terminan allí,  un buen día, un par de semanas después reaparece y le da un like a una foto, o empieza a mirar las historias en Instagram otra vez. Pequeños gestos, migas. Comienza otra vez un ciclo de likes y coqueteos digitales.  Todo parece encausarse,  hasta que vuelve a desaparecer sin motivo.

Esta modalidad de Breadcrumbing  puede extenderse en el tiempo. “Aparezco, tiro migas, te atraigo, te coqueteo, desaparezco, vuelvo hasta que me prestes atención, tiro unas migas, te miro, capto tu atención, vuelvo a desaparecer”,  parece ser el mensaje de esta dinámica.

El sitio Urban Dictionary lo define como un “enamoramiento” sin intenciones de llevar las cosas más lejos.

El problema es que del otro lado puede haber alguien que sí quede afectado por este comportamiento. El problema es que este modo de coqueteo puede dejar heridos. El problema es que del otro lado de la pantalla puede haber alguien que se enganche, se ilusione, se llene de ansiedad y de expectativas por algo que no va a ocurrir.

Hay quienes dicen que esta modalidad es llevada adelante por aquellas personas que envían señales mínimas a alguien dando esperanzas de que la relación pueda ir a más, pero a sabiendas de que nunca va a avanzar. En otras palabras, la persona va dejando “migas de pan” creando esperanza en la otra. En su fuero más interno sabe que la situación nunca va a llegar a más, pero sigue dejando esas migas provocando un dolor considerable en el otro.

Los especialistas advierten que esta práctica puede provocar ansiedad y dolor en los afectados. Y, como las leves señales que reciben son equívocas y cambiantes, la persona afectada no consigue de descifrar el comportamiento del otro y  termina creyendo que es ella la culpable del comportamiento errático del otro, que es ella la que hace algo mal, deteriorando así su autoestima.
 

¿Cómo saber que se es víctima de Breadcrumbing?
Es importante saber si se está siendo víctima de este tipo de situaciones, para poder frenarlas cuanto antes y no engancharse con algo que no irá a ningún sito y solo traerá ansiedad, angustia y sufrimiento.  
Para ello, es necesario fijarse en:

  • Si al proyectar planes para verse da respuestas ambiguas como “ya veremos” o “quizás”, pero la concreción no llega nunca.
  • Si aparece y desaparece con frecuencia dejando abierta la expectativa.
  • Si pueden pasar semanas sin saber nada de esa persona. Y si al tiempo reaparece como si nada.
  • Si busca interacción online y huye de la relación física.
  • Si mantiene virtual un flirteo que sirve para mantener a la otra persona pendiente, pero nunca dan el paso para ir más allá.
  • Si actúa de forma errática e incongruente.
  • Si nunca es posible entender qué piensa, qué quiere o por qué actúa como actúa.
  • Si muestra interés en lo que haces y posteas, pero sólo queda en eso.

 

¿Qué es la parálisis del sueño?

¿Cómo se sentiría si al despertar en la mitad del sueño no pudiera mover ni un solo músculo del cuerpo? ¿Y si además tuviera la sensación de que hay una presencia maligna en el cuarto que lo vigila? ¿O una sombra que lo observa desde alguna esquina de su habitación? ¿Y si al mismo tiempo sintiera que  algo pesado le oprime el pecho y no lo deja respirar? ¿Y si sus músculos paralizados no les permitieran moverse ni pedir ayuda?

Bien, así se sienten aquellas personas que padecen un episodio de parálisis del sueño.

Aterrador ¿no? Sin embargo se trata de un fenómeno bastante común que le puede ocurrir a cualquier persona una o varias veces en la vida. La parálisis del sueño es un trastorno que ocurre durante la transición entre el sueño y la vigilia, cuando la persona apenas se queda dormida, o al despertar.

La buena noticia es que parálisis del sueño es inofensiva. Y, por suerte, de duración breve. Normalmente dura pocos segundos. La recuperación es rápida y espontánea. No hay nada que temer. No supone ni un peligro ni un problema. A pesar de ser un momento que suele generar mucha angustia y ansiedad y que nadie quiere pasar, es importante saber que no implica ningún riesgo para la salud física o mental.

Es bueno saber que este  trastorno del sueño se sitúa dentro del grupo de las parasomnias, según la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño.

Según los especialistas la mitad de la población sufre episodios de parálisis de sueño. Se considera que lo padece por lo menos una vez en la vida un porcentaje muy alto de la población: entre el 50 % y el 60 %. Y que aparece de manera repetida en el mismo individuo en el 6% de la población.
 

Un protagonista cuenta su experiencia de esta manera:

“Desperté de una siesta. No podía moverme. Nada. Ningún movimiento.  Yo estaba despierto, pero mi cuerpo estaba paralizado. No podía ni darme la vuelta, ni mover los brazos, ni girar la cabeza. Ni siquiera podía gritar para pedir ayuda. Solo podía mover los ojos. Sentí una presencia parada a los pies de mi cama que me observaba. Algo aplastaba mi pecho y parecía que no iba a poder seguir respirando. Me aterroricé. No entendía qué me estaba pasando.

Al cabo de unos segundos pude moverme de nuevo y todo volvió a la normalidad.”

¿Pero de qué se trata y en qué consiste este trastorno?
Como su nombre lo indica se trata es una incapacidad transitoria para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario. Como dijimos, tiene lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia. Suele estar acompañado de alucinaciones y de un sentimiento de gran angustia y ansiedad.
Las personas con parálisis del sueño se despiertan durante la noche o a la mañana. Sienten que están conscientes, pero no pueden moverse ni hablar durante un intervalo de tiempo que puede durar entre 20 segundos y tres minutos. De este modo, sólo podrán visualizar lo que ocurre a su alrededor, pero no pueden hacer, ni decir nada.
Esa parálisis consciente les impide pedir ayuda o avisar lo que les está pasando. A quienes les pasa por primera vez, esto les genera angustia y temor.
Durante el episodio, la persona está totalmente consciente, con capacidad auditiva, táctil y visual, pero es incapaz de moverse o hablar, lo que puede provocar gran ansiedad. Sin embargo, no existe peligro alguno para la vida, pues los músculos respiratorios siguen funcionando automáticamente. Es importante recalcar que las funciones vitales no se ven afectadas por este fenómeno.
Este fenómeno que parece paranormal y extrasensorial, tiene una explicación científica.
 

¿Por qué se produce este trastorno?
Los especialistas explican que el sueño del ser humano se compone de distintas fases. Cada fase tiene sus características. Durante la fase de sueño REM, nuestro cuerpo está paralizado. El cerebro inhibe los movimientos musculares de la persona para evitar que actúe los sueños y se lesione inconscientemente.

Lo que ocurre en la parálisis del sueño sería un desajuste en el tránsito de las fases REM y vigilia. La persona afectada se encuentra en estado de vigilia, despierta y consciente, pero sus músculos siguen en fase REM, paralizados.

A esta incoordinación se debe la extraña vivencia de la parálisis del sueño.

Para prevenir la aparición de la parálisis del sueño o para disminuir los episodios se recomienda:

  • Mantener una higiene del sueño correcta.
  • Evitar el uso de las pantallas antes de dormir.
  • Relajarse.
  • Intentar acostarse a la misma hora. Las rutinas en el sueño son muy importantes para evitar las parasomnias.
  • Reducir la luz de la habitación usando cortinas que la bloqueen y eliminando las fuentes de luz ambiental.
  • Mantener la habitación a una temperatura agradable.
  • Hacer ejercicio de tres a seis horas antes de acostarse.
  • Dormir las horas suficientes.
  • Reducir el estrés.
  • Seguir unos buenos hábitos de alimentación.

 

¿Qué es el delirium tremens?

El delirium tremens es un cuadro agudo relacionado al alcoholismo. Es necesario crear conciencia sobre los graves riesgos que implica el consumo de alcohol. Es sabido que el consumo de alcohol puede generar adicción, es decir,  dependencia física y psicológica a la sustancia. El pasaje entre el consumo y la adicción es a veces imperceptible. En muchos casos el alcohólico mismo no se reconoce como tal.

Cuando se ha desarrollado dependencia al alcohol, al interrumpir la ingesta se dan una serie de síntomas llamados: Síndrome de Abstinencia.

El Síndrome de Abstinencia engloba todas aquellas alteraciones que se producen cuando se interrumpe el consumo de la sustancia de la que se es dependiente. Entre los fenómenos más graves de la abstinencia del alcohol se encuentra el delirium tremens.

La ausencia de la sustancia en el cuerpo provoca reacciones sintomáticas. Es por eso que en muchos casos para salir de la adicción al alcohol se necesita ayuda profesional.

Nos explica el diccionario “Se denomina delirium tremens al síndrome de abstinencia del alcohol; propiamente se trata de la tercera fase, la más aguda de este síndrome”. Y agrega: “Delirium tremens” en latín que significa “delirio tembloroso”.

Explican los expertos: “Su mismo nombre indica la gravedad de sus síntomas, caracterizados por desórdenes neuro psiquiátricos, tales como temblor, confusión, verborrea, taquicardias y hasta alucinaciones muy impactantes”.

Se trata de un síndrome potencialmente letal y, según los especialistas,  se presenta  aproximadamente en un 5% de los alcohólicos que cortan de manera súbita la ingesta de bebidas alcohólicas.

Es importante tener en cuenta que este cuadro producido por la privación alcohólica comienza entre dos y cinco días después de la última ingesta de alcohol, y puede ser fatal. Por lo tanto si conoce a algún bebedor crónico que ha desarrollado dependencia al alcohol y decide interrumpir la ingesta es importante estar atento a las fases de la abstinencia y a la posible aparición del delirium tremens.

El delirium tremens puede provocar el fallecimiento del paciente. En muchos casos se requiere la hospitalización inmediata. Es necesario recurrir a un profesional médico para que indique el tratamiento a seguir.
Entre sus principales complicaciones se incluyen las lesiones accidentales por caídas o auto infligidas por los delirios, o las alucinaciones. Pueden aparecer síntomas y signos de insuficiencia cardiovascular, además de convulsiones, con un nivel de mortalidad importante.

La adicción al alcohol es una enfermedad que debe ser tratada. Si usted tiene dependencia al alcohol, o conoce a alguien que la tenga busque ayuda profesional. Dejar una adicción es un desafío. Es posible que necesite ayuda emocional, y médica. Recuerde que la dependencia al alcohol genera Síndrome de abstinencia, y que en algunos casos esté Síndrome puede ser mortal. Consiga tratamiento médico oportuno para los síntomas de la abstinencia alcohólica.
 

Un alcohólico en desintoxicación pasa por tres fases:

Primera fase: Dolores de cabeza, temblores, nerviosismo, náuseas con o sin vómitos, sudores, somnolencia, calambres y a veces cierto grado de alucinaciones. Suele comenzar aproximadamente a las cinco horas posteriores a la última ingesta alcohólica.

Segunda fase: puede durar de 15 a 30 horas. A los síntomas anteriores se pueden agregar convulsiones.

Tercera fase: Delirium tremens. Aparecen alucinaciones terribles y perturbadoras. Taquicardia, aumento de la temperatura del cuerpo por encima de lo normal, sudoración abundante, dilatación anormal de la pupila, etc. Puede llegar a ser mortal.
 

¿Cuáles son los síntomas del delirium tremens?

Es importante recalcar que los síntomas del delirium tremens no se manifiestan de manera inmediata, sino a partir de los dos a cuatro días tras la última consumición.

Síntomas frecuentes
Delirio repentino. Cambios bruscos en el estado mental. Irritabilidad. Miedo. Alucinaciones. Temblores corporales. Arranques de energía o, por el contrario, un sueño profundo que puede durar más de 24 horas. Hipersensibilidad al tacto, la luz y al oído. Convulsiones. Fatiga. Dolor de cabeza. Pérdida del apetito, náuseas y vómitos. Piel pálida, fiebre, dolores en otras partes del cuerpo como tórax y vientre y sudoración excesiva. Ideas delirantes. Alteración de la conciencia, disminución de la capacidad de atención. Deficiencias de memoria, desorientación, alteración del lenguaje. Agitación. Hiperactividad. Ansiedad y terror.

Recuerde:
El delirium tremens es una emergencia.

MedlinePlus aconseja: “Acuda a la sala de urgencias o llame al número local de emergencias si presenta síntomas. El delirium tremens requiere atención de emergencia.

Si va al hospital por otro motivo, dígale a sus proveedores si ha estado consumiendo mucho alcohol para que ellos puedan verificar si tiene síntomas de abstinencia alcohólica.”

 

Millennials: la generación cansada

Toda persona nacida entre 1981 y 1996  forma parte de lo que se ha llamado la “Generación Millennial”. Son los jóvenes de hoy. Se manejan como pez en el agua con la tecnología. Están hiperconectados. Son los que están construyendo el mundo del futuro. Están en el centro de la escena. Son inconformistas. Aman los desafíos. Buscan romper sus límites. Según un estudio de Universum Global, en el año 2020 representarán el 50% de la fuerza laboral. Son globales. Para ellos los territorios no tienen límites. Trabajan, crean, arman familias, se despliegan, ocupan puestos de poder, dirigen empresas. Se proyectan. Se arriesgan. Dicen saber lo que quieren. Quieren tener muchas experiencias y disfrutar de la vida. Son independientes y emprendedores. Son “multitarea”. Son nativos digitales. Están continuamente conectados, compartiendo información y consultando la de otros. Son sociables y consumistas. Quieren ser exitosos y vivir en un mundo mejor. Son creativos y únicos.

Sin embargo, esta bella generación de jóvenes tiene un grave problema: se siente agotada.

Un estudio que realizado el Colorado Department of Instructions, Estados Unidos, revela que las personas que tienen entre 22 a los 38 años podrían pertenecer a la denominada “Generación Agotada”.  Dicen que estos jóvenes prefieren disfrutar de un momento de descanso, antes que hacer actividades, debido al cansancio cotidiano.

¿Qué ha pasado con la energía y la potencia de la juventud? ¿Dónde está esa edad dorada en la que el cansancio no llega nunca? Parece ser que con los modos de vida actuales hemos desmoronado ese mítico estado juvenil de vitalidad, entusiasmo y fuerza constante.

 

Los jóvenes están agotados

De acuerdo con el informe, publicado en el sitio web de la institución, esto se empieza manifestar desde el colegio. El simple hecho de posponer las actividades o dejar las tareas a último minuto además de provocar apatía, también provoca agotamiento mental y físico.

 

¿A qué se debe esta situación?  

Los factores son múltiples. El estrés, las presiones laborales y sociales, las demandas externas e internas, la hiperconectividad, las propias exigencias, son algunos de estos factores.
Todos coinciden en señalar que “el estrés puede ser más agotador que correr un maratón.”

¿Estamos frente a una generación estresada?

Una de las fuentes de estrés, según los expertos, es el modo de trabajo contemporáneo. Las presiones laborales que los Millennials deben enfrentar para sostener el nivel de vida que desean son altísimas. Y no sólo por las exigencias externas sino, especialmente, por las propias exigencias. El deseo y la presión de ser exitoso, de usar las últimas marcas, de acceder a la mejor tecnología, y de sostener cierto nivel de consumo se ha vuelto una fuente de estrés.

Explica la periodista Anne Helen Petersen en una nota de Buzzfeed:”Para describir el burn out millennial hay que reconocer una multiplicidad de factores: estamos muy endeudados, trabajando más horas y con más trabajos por menos paga (con menos seguridades), pero luchando por sostener los mismos estándares de vida que nuestros padres, operando en una precariedad psicológica y física, todo esto mientras nos dicen que si trabajamos más la meritocracia prevalecerá, y que amemos lo que hacemos”.

En su artículo: “Cómo los millennials se convirtieron en la generación agotada” la periodista Anne Helen Petersen escribió “¿Por qué no puedo completar estas tareas rutinarias? Porque estoy agotada. ¿Por qué estoy agotada? Porque he adoptado la idea de que debería estar trabajando todo el tiempo. ¿Por qué he adoptado esa idea? Porque todo en mi vida ha reforzado esa idea, explícita e implícitamente, desde que era joven.”

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han en su libro “La sociedad del cansancio” sostiene que en la sociedad actual pasamos de la explotación a la  auto-explotación. En una entrevista declaró: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. Y agrega: “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”. De este modo si no se triunfa, es culpa de uno por no haber hecho lo suficiente. La exigencia o demanda interna no da tregua. Siempre hay que hacer más, lograr más.

Así, uno de los síntomas de época es la sensación de estar siempre híper demandados. Siempre hay cosas a las que responder. Siempre hay eventos, información, hechos, importantes o no, que convocan a responder. Pero esta demanda ya no es externa. Se trata de una presión interna que impide desconectar y descansar.

Dicen que en la actualidad no es posible estar 100% desconectado.  Algo interrumpe sin cesar. Mails, WhatsApp, notificaciones de redes sociales, memes, likes. Ya sea el trabajo, la vida social, los grupos de afinidad o pertenencia, todo insiste y reclama la respuesta inmediata.

Podemos decir que el nuevo desafío Milleniall es descansar en un mundo que no da descanso.

 

¿Cómo detectar un noviazgo violento en la adolescencia?

Cuando se habla de violencia de género automáticamente se piensa en agresiones físicas, amenazas, abuso sexual y muerte. Sin embargo, la violencia puede presentarse en situaciones cotidianas en una relación de pareja y muchas veces pasa desapercibida e indetectable.

En los adolescentes este riesgo se ve incrementado, por la fragilidad inherente a la edad y por múltiples confusiones respecto a la idea del amor romántico. Ideas sobre el amor que confunden a los adolescentes dando lugar a situaciones de celos desmedidos, posesión, maltrato y control.

Según la Organización Mundial de la Salud 3 de cada 10 adolescentes denuncian que sufren violencia en el noviazgo. La cifra es alarmante, especialmente si tenemos en cuenta que muchas adolescentes que sufren violencia no la denuncian.

Es necesario que padres y adultos estén informados y alertas para detectar señales de que su hija está sufriendo un noviazgo violento antes de que sea demasiado tarde.

Hablamos de una violencia que no es visible y que se cuela en los comportamientos y las conductas cotidianas. Muchas veces, ni la víctima ni los que la rodean se dan cuenta de lo que está pasando.

En la mayoría de las personas está arraigada la idea de que la violencia en el noviazgo implica gritos, insultos y golpes, pero los especialistas explican que se habla de noviazgo violento en  toda relación en la que haya abuso de poder, ya sea psicológico, físico, simbólico o económico.

Entre las manifestaciones de violencia pueden aparecer situaciones como la ridiculización frente a los amigos, el menosprecio, prohibir salidas, criticar su cuerpo, hacer creer que ningún otro varón se va a fijar en ellas, criticar todo lo que hace o dice, culparlas de todo, etc.

También es frecuente la humillación, el control extremo al revisar celulares y redes; las restricciones, pidiendo que no usen determinada ropa, someterlas al aislamiento social, hablando mal de sus amigas, de su familia y de todos los que la rodean; la manipulación psicológica, pidiendo perdón, prometiendo que van a cambiar o culpando a la víctima, etc.

Dicen los expertos que un noviazgo violento tiene todos los ingredientes para volverse invisible. Se trata de agresiones cotidianas que experimentan miles de adolescentes en sus primeras relaciones y que  son tan imperceptibles que pasan inadvertidas hasta que la violencia se incrementa.

Los especialistas coinciden que para prevenir un noviazgo violento el rol de los padres es fundamental. Opinan que la prevención debe comenzar en la edad temprana, fortaleciendo la autoestima del niño y brindándole la confianza necesaria para se sienta seguro emocionalmente y para que pueda hablar sin sentirse juzgado.

Reconocer las señales de alerta y pedir ayuda a tiempo es clave para prevenir y ayudar a quién está pasando por esa situación.

Es violencia si tu novio:

Critica tu forma de vestir, no le gusta cómo te maquillas, revisa los mensajes de tu celular, te espía, te humilla en público, no te deja salir con tus amigas, te presiona para que tengas relaciones sexuales, tiene celos de las personas que te rodean, te amenaza, te asusta de cualquier modo, te aísla, te extorsiona emocionalmente.
 

Algunos indicadores de un noviazgo violento
Para las chicas

  • Si tu novio te prohíbe cosas, te dice qué ropa usar, cómo maquillarte. Si revisa tu celular, los mails y pide la contraseña de Facebook o Twitter, si quiere saber cada cosa que haces.
  • Si te ridiculiza, te hace sentir torpe, inútil, si crítica tu cuerpo, te compara con sus exnovias, si te hace sentir menos y te culpa de todo lo que pasa en la relación. Si sentís que vas perdiendo seguridad y autoconfianza. Si te hace sentir que no vales nada. Si no respeta tus opiniones ni tu punto de vista.
  • Si tiene celos desmesurados sin motivo, si desconfía de todos, si no te deja ver amigos o a familiares,  si cree que siempre le mentís, si quiere controlar todo lo que haces.
  • Si te pellizca, te tira del pelo, te da empujones, patadas o cachetazos aunque sean jugando.
  • Si te obliga a tener relaciones sexuales cuando no tienes ganas, si quiere realizar prácticas que no quieres, si te fuerza a hacer algo contra tu voluntad, si te manipula de alguna manera para conseguir lo que quiere. Si sólo piensa en su placer y no le importa el tuyo.

Para los padres

  • Si notan que su hija empieza a evitar amistades y se aleja de la familia. Si notan que limita sus actividades, como estudiar, hacer un deporte o salir y lo único que hace es estar con el novio.
  • Si notan que su hija adolescente pasa todo el día pegada al celular, poniendo el altavoz para mostrarle al novio que está en determinado lugar o quién la acompaña. Si notan que él la está controlando a través del celular.
  • Si notan que cambia su modo de vivir y de actuar. Si no se viste de la misma manera, deja de usar prendas que solían gustarle, pierde o aumenta mucho de peso. Si está angustiada, con la autoestima baja, si deja de arreglarse o de interesarse en sus cosas.
  • Si notan que empieza a ocultar cosas y no cuenta demasiado sobre la relación. Si ven que se encierra en sí misma y no quiera hablar de lo que le pasa.

 

Trolls, haters, stalkers… ¿Quién es quién en las redes sociales?

¿Cómo se relacionan las personas en las redes? ¿Es verdad que el anonimato de Internet permite cosas que en la vida real no se harían? ¿Hay personas que se esconden detrás de un avatar para descargar su hostilidad en las redes sociales? ¿O el hecho de sentirse protegidos por el anonimato hace que muestren aspectos de su personalidad que en la vida real disimulan u ocultan? ¿Se pueden hacer perfiles psicológicos a partir del comportamiento en las redes? Muchos opinan que sí, y tratan de tipificar algunas de las conductas específicas que se pueden apreciar en las redes. 

Y dentro de estas clasificaciones encontramos a los llamados Trolls, haters, stalkers, hoygans, etc.

Se dice que los haters son personas que tienen habitualmente respuestas hostiles ante cualquier asunto. La palabra hater, como tal, nos da una pista de este modo de interactuar. Viene del inglés, y se suele traducir como “odiador”,  persona “que odia” o “que aborrece”.

Los haters han proliferado en las redes sociales. Atacan a figuras públicas, a marcas, a instituciones, a personas que expresan sus opiniones políticas y destilan hostilidad en todos sus comentarios. Parece que han encontrado en las redes un clima propicio para crecer y expandirse. 

¿Qué es un hater?
Un hater es el usuario que se dedica a hacer comentarios hostiles, agresivos y ofensivos en las redes sociales. Aparecen con comentarios insultantes, descalificadores, y agresivos en todo tipo de páginas, situaciones,  oportunidad y muestran su desprecio y su odio hacia cualquier cosa publicada. Se expresan en Twitter, en Facebook, blogs, foros, chats y en general en todas las redes sociales. 

Dicen que los haters son cada vez más numeroso en Internet. Crecen. Se multiplican. Aparecen en todas las plataformas. Cualquiera en cualquier momento puede ser atacado por un hater.  Difunden insultos sin inmutarse cuando no están de acuerdo con algo o alguien. Buscan atacar a una persona o a una idea en todo momento.

Dicen que para los haters, cualquier motivo es bueno para odiar: simpatía o militancia política, credo religioso, gustos musicales, lugar de origen, etc. Les gusta atacar a los otros, remarcar sus errores. También destacan que los haters prefieren  pronunciarse en torno a temas de actualidad, como celebridades, controversias, o cualquier otro asunto que pueda ser de interés general, siempre con la finalidad de burlarse o ridiculizar.

Los Troll pueden confundirse con los Haters, pero tienen sus especificidades. Dicen que el troll es uno de los seres más molestos que se puede encontrar en la red.

Aprovecha cualquier ocasión para provocar a los demás usuarios publicando mensajes ofensivos, falsos o groseros con la intención de molestar, confundir y ocasionar conflicto y enfrentamiento entre los demás. El Troll es un generador de peleas. Es un provocador que busca generar discusiones y habladurías. 

En algunas ocasiones los Trolls trabajan para alguien que busca sus servicios para descalificar a un oponente, a una figura pública o a una marca o institución. 

Se lo puede encontrar en todo tipo de sitios. Dicen los entendidos que  lo mejor es ignorarlo, no caer en sus provocaciones y evitar toda discusión con un Troll. 

El stalker, por el contrario, tiene otro comportamiento. Es el usuario que se mantiene al acecho y observa cada movimiento virtual de su presa. Puede ser la persona que le gusta, la que le cae mal, su exnovia o exnovio, la nueva pareja de su “ex”, el amigo guapo, la amiga sexy. Alguien a quien el stalker decide vigilar y espiar en las redes. 

Aprovecha el anonimato que brindan las plataformas para entrar a los perfiles de las personas que le interesan, y así obtener información. Revisa las fotos, las actividades, espía a sus amigos. El stalker es un espía que se suele obsesionar con alguien en particular. No suele comentar ni dejar rastro de su presencia porque no quiere ser descubierto. Quiere ver sin que lo vean. Contrariamente a los haters y a los trolls, su objetivo es pasar desapercibido y espiar desde las sombras del anonimato. 

Encontramos también al Hoygan que es el usuario que en todos sus comentarios y publicaciones pasa por alto las reglas básicas de redacción y estilo. No respeta la ortografía ni la gramática. Suele escribir todo en mayúsculas o intercalar éstas con minúsculas. Resulta difícil entender su mensaje. Se dice que el término HOYGAN deriva de la palabra “oigan”, pero con faltas ortográficas muy visibles. Se lo suele escribir con mayúscula, ya que es este un hábito de los HOYGAN. 

¿Se reconoce en alguno de estos personajes?

¿Qué son las habilidades sociales?

Las habilidades sociales son herramientas fundamentales para la vida. Se trata del conjunto de  conductas aprendidas desde la infancia que  nos permiten relacionarnos de buen modo con el resto de personas. Los seres humanos somos seres sociales, vivimos con otros. Lo queramos o no, estamos en permanente vinculación con los demás. Por eso, al ser la base de la relación con los otros, las habilidades sociales son imprescindibles en cualquier ambiente en el que nos podamos mover, ya sea en familia, en el trabajo, en la calle, en un grupo de amigos o entre desconocidos. Necesitamos saber cómo vincularnos y relacionarnos con cada grupo de personas.
 

Sin ellas nuestra vida sería imposible

No hay que olvidar que la capacidad de relacionarse con las personas es fundamental para vivir. Por lo tanto, no sería posible la vida si careciéramos de estas habilidades.

Se trata, básicamente, de las herramientas de comunicación tanto verbal como no verbal que usamos para relacionarnos con los demás de forma eficaz y saludable.

De este modo, las habilidades sociales nos permiten expresar los sentimientos, los deseos, las opiniones, lo que pensamos de modo adecuado, es decir, sin miedos y sin violentarnos ni violentar a los demás. A través de ellas podemos manifestarnos como somos, respetando a los otros.  Nos hacen mejorar nuestras relaciones afectivas y sociales, sentirnos bien, fluir con mayor facilidad en las distintas vicisitudes de la vida, armar una red emocional que nos ampare, y transitar por las distintas áreas con mayor bienestar.

Son algo así como un paquete de herramientas que adquirimos a lo largo de nuestra vida y que nos sirve en la relación con los demás. Tener esas herramientas y saber usarlas permitirá que nuestras relaciones con los otros sean satisfactorias.

¿Y cuándo se adquieren las habilidades sociales? Esencialmente en la infancia. Los niños son esponjas, absorben todo lo que hay alrededor.  Así es que los niños aprenden observando, copiando, imitando, y parte de lo que aprenden en este período son las habilidades sociales. Por eso es tan importante el contexto social que se le da al niño, y, particularmente, que los adultos que los rodean sean un ejemplo a imitar en su forma de vincularse.

La buena noticia es que las habilidades sociales son adquiridas, es decir: se aprenden. Y se pueden seguir aprendiendo durante toda la vida. Si por algún motivo uno no las ha adquirido en la infancia es posible adquirirlas de grande. Hay que esforzarse, claro está. Pero es posible adquirir estas herramientas fundamentales para el bienestar en cualquier momento de la vida. Aprender a funcionar de mejor modo en las relaciones con los otros, es posible, sólo basta con dejar malos hábitos y esforzarse por adquirir nuevos.

¿Y cuáles son esas famosas habilidades sociales?

Los especialistas las han dividido en dos categorías: las básicas y las complejas.

  • Las habilidades sociales básicas son las que permiten un funcionamiento social mínimo, por ejemplo:
  • Escuchar al otro.
  • Saber iniciar una conversación y mantenerla.
  • Formular una pregunta cuando se tiene una duda.
  • Agradecer.
  • Presentarse y poder presentar a otras personas.
  • Realizar un cumplido.
  • Despedirse.

Las habilidades sociales complejas requieren un mayor esfuerzo y permiten la construcción de relaciones de mayor intimidad emocional, por ejemplo:  

  • Empatía, es decir, poder ponerse en el lugar de la otra persona.
  • Inteligencia emocional, es saber manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y poder expresarlos.
  • Asertividad, es la habilidad para ser claros y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás ni descalificar a los otros.
  • Capacidad de escucha, escuchar sin juzgar ni criticar, escuchar con comprensión y cuidado, tratando de entender lo que la otra persona quiere decir.
  • Tener la capacidad de comunicar sentimientos y emociones de manera adecuada según la ocasión.  
  • Capacidad de pedir perdón, para eso es necesario poder ser conscientes de los errores cometidos y reconocerlos.

Debemos trabajar nuestras habilidades sociales si…

  • Si no sabemos decir no cuando no queremos o no podemos acceder a lo que nos piden los demás. Poder límites de buen modo es fundamental para relacionarse bien.
  • Si no sabemos o no podemos expresar eficazmente nuestras opiniones, deseos u opiniones. Esto significa poder expresar lo que sentimos y pensamos con claridad sin perderle el respeto al otro y sin temor a los demás.
  • Si no sabemos o no podemos emitir o recibir elogios.
  • Si no sabemos o no podemos emitir o aceptar críticas de manera calma, sin enojarnos y sin descalificarnos.
  • Si no sabemos o no podemos gestionar las emociones y nos vemos arrasados por ellas, fuera de control, sin capacidad de elegir el modo en que expresamos lo que nos pasa.
  • Si no sabemos o no podemos escuchar al otro con atención tratando de entenderlo, sin juzgarlo ni descalificarlo.
  • Si no podemos o no sabemos disculparnos con honestidad cuando cometimos un error, ya se de modo intencional o sin intención de hacerlo.

 

¿Qué son los micromachismos?

Los micromachismos son comportamientos y costumbres que tanto hombres como mujeres han naturalizado. Los ven como algo natural y no como construcciones sociales que, aunque sutiles y de apariencia inofensiva, perpetúan la desigualdad entre géneros.

Podría decirse que los micromachismos son una forma casi invisible de violencia de género. 

Algunos especialistas señalan que  los micromachismos están en la base de la pirámide de la desigualdad de género. En la punta más visible de la pirámide está la violencia de género en su forma extrema: la violencia física y el femicidio. En la base están los micromachismos,  es decir las conductas sutiles y los hábitos que sustentan todo el entramado de comportamientos sexistas.

Se trata de pequeños gestos machistas muy sutiles que perpetúan la desigualdad de género. Un ejemplo de micromachismo podría ser el hecho de que aún hoy, en los baños de mujeres aparece el icono de bebés indicando que allí se pueden cambiar pañales y, efectivamente, hay allí un lugar especial para hacerlo. Cosa que suele no ocurrir en los baños de hombres. Si están en un lugar público los hombres, aunque quieran, no pueden cambiar los pañales porque ni siquiera hay un espacio para eso en los baños públicos. Si bien, muchas de estas costumbres están cambiando, y el criterio de baños diferenciados por géneros va quedando atrás, en muchos lugares se mantienen y, de modo invisible, van formateando nuestro modo de actuar.  

Los micromachismos incluyen costumbres, hábitos, chistes, gestos, ideas, detalles, pequeños actos de la vida cotidiana que son sutiles, casi imperceptibles pero que se perpetúan y transmiten de generación en generación.

El terapeuta argentino Luis Bonino fue el primero que acuñó el término de micromachismos en el año 1990. Desde aquel entonces viene trabajando y puliendo el concepto. 

Él mismo los define como: “las sutiles e imperceptibles maniobras y estrategias de ejercicio del poder de dominio masculino en lo cotidiano, que atentan en diversos grados contra la autonomía femenina. Hábiles artes, trucos, tretas y manipulaciones con los que los varones intentan imponer a las mujeres sus propias razones, deseos e intereses en la vida cotidiana”. 

Dice Bonino en su texto “Los Micromachismos”: … “Los micromachismos son comportamientos manipulativos que básicamente inducen a la mujer a la que son destinados a comportarse de un modo que perpetúa sus roles tradicionales de género, con el interés no expresado de conservar la posición superior y de dominio”…

Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula “micro” entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia.

Bonino clasifica los micromachismo en cuatro tipos:
1. Utilitarios. Ocurren principalmente al ámbito doméstico y en los cuidados hacia otras personas. Son comportamientos que abusan de las supuestas capacidades femeninas de servicio y de la naturalización de su trabajo como cuidadora. Es decir, se da por supuesto que la mujer tiene condiciones naturales para esas tareas y de este modo, el varón queda exento de esas responsabilidades. 

2. Encubiertos. Se caracterizan por ser insidiosos y encubiertos.  Son muy sutiles. El objetivo es imponer  las “verdades” masculinas y mantener las cosas en la dirección elegida por él, pero se ocultan tras otras razones. Son los más manipulativos. Algunos de ellos son: los silencios,  los paternalismos,  el “ninguneo”,  las descalificaciones  y  el mal humor manipulativo. 

3. De crisis. Surgen cuando las mujeres empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la pareja. Se da cuando la mujer adquiere mayor poder en su vida u obtiene algún tipo de éxito. Un ejemplo sería el de la mujer que obtiene un ascenso en el trabajo y que es cuestionada por ello en su casa, ya que sus capacidades como madre se verán afectadas, y dispondrá de menos tiempo para dedicar a las necesidades de la familia haciéndola sentir culpable al aceptar este nuevo cargo. 

4. Coercitivos. En ellos el varón usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su poder, limitar la libertad de la mujer y adueñarse de su tiempo y de su espacio. Por eso, son comportamientos que suelen afectar al espacio y tiempo de la mujer.  Algunos ven micromachismos coercitivos en el uso abusivo del tiempo y del espacio como por ejemplo: quién ocupa el mejor sillón de la casa, quién tiene el mando de la televisión, en el Manspreading que en castellano viene a significar “machoesparcimiento”. Es una conducta de invasión del espacio público a través de la postura corporal de un hombre que se basa en abrir las piernas excesivamente ocupando el espacio ajeno. Es un acto que de forma sutil muestra que el hombre es dueño dominante del espacio.