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Turquía prepara un ramadán confinado, sin actos sociales ni culturales

Estambul, 23 abr (EFE).- El ramadán en Turquía, que empieza mañana, es mucho más que un mes de ayuno y rezo: se rodea de muchos actos sociales, políticos y culturales que desaparecerán este año por las medidas de prevención ante la pandemia de coronavirus, obligando a una celebración más recogida y distante que nunca.

El mayor debate se ha desatado sobre la prohibición de las rondas de los tamborileros que despiertan a todo el barrio un buen rato antes del alba, para que los vecinos puedan comer y beber algo antes del amanecer que marca el principio del ayuno.

Estos hombres van parando en cada puerta para recibir una propina o las amenazas de los vecinos que quieren seguir durmiendo, una costumbre que las autoridades han cancelado este año al entender que un contacto puerta a puerta es precisamente lo que hay que evitar durante la pandemia.

REZAR EN CASA

Las mezquitas turcas están cerradas desde el 16 de marzo a todo acto comunitario, de manera que tampoco se celebrarán los rezos nocturnos del ramadán, conocidos como "teravih".

"El teravih era un acto cultural importante, más allá del rezo. Todo el vecindario venía a la mezquita, madres, padres e hijos juntos", explica en conversación con Efe Sadettin Özkan, imam de una mezquita de Ankara.

"El ramadán solía acortar las distancias entre los musulmanes. Temo que este año, al no poder reunirse los creyentes en la mezquita, esa distancia social se quede", lamenta el religioso.

CENA A DOMICILIO

Tampoco se verán este año las mesas públicas de 'iftar', la comida con la que se rompe el ayuno en el momento de la puesta del sol, y que se han convertido en todo un acto social, político y hasta publicitario.

Alcaldías, partidos e instituciones suelen competir por llenar las plazas con carpas donde se sirven cenas gratuitas, algo que deriva de la costumbre caritativa de ofrecer comida a los necesitados.

"Hemos desarrollado un 'iftar' tecnológico: con un clic en la web municipal se pueden donar 20 liras (unos 3 euros), una suma que completamos desde el Ayuntamiento para enviar un paquete de dos cenas a casa de alguien necesitado, en nombre del donante", comenta a Efe por teléfono Tunç Soyer, alcalde socialdemócrata de Esmirna.

El gesto no es del todo nuevo: el AKP, el partido islamista que gobierna Turquía desde 2002, lleva más de diez años operando la línea telefónica 'Aló iftar', a la que se puede llamar en ramadán para pedir una cena gratuita a domicilio.

SIN REUNIÓN FAMILIAR

Al haberse prohibido los viajes entre 31 provincias, que albergan el 80 % de la población turca, tampoco se podrán visitar familiares en otras ciudades, algo que no sólo causaba enormes caravanas en las autovías sino también un alto número de muertos por accidentes.

Aunque las medidas de confinamiento no tienen aún fecha final prevista, Turquía espera que se podrán relajar antes de la fiesta del fin de ramadán, el 24 de mayo.

Esta semana, las aerolíneas turcas han efectuado vuelos a 59 países para traer a casa a 25.000 ciudadanos turcos deseosos de pasar el ramadán en familia, y aunque tendrán que pasar una cuarentena de 14 días, al menos podrán reunirse con sus seres queridos en la fiesta final.

CULTURA SIN AYUNO

Entre el 15 y el 20% de la población turca es aleví, una rama monoteísta con templos propios que ayuna en días distintos al ramadán, pero tampoco toda la población turca identificada como musulmana suní cumple con el ayuno este mes: sólo un 50 % de los turcos ayunan el mes completo, según un sondeo de la empresa Konda.

En circunstancias normales, en la parte occidental de Turquía y en muchos barrios de Estambul, restaurantes, cafés y cervecerías suelen abrir todo el mes, con una clientela apenas disminuida.

Este año, todos los locales de ocio permanecerán cerrados.

Pero la pandemia no solo ha suspendido los actos religiosos del ramadán sino también la vida cultural de la que disfrutaban los no creyentes durante los numerosos actos que los municipios solían organizar ese mes.

Niños y mayores no verán este año, por ejemplo, el teatro de sombras Karagöz, patrimonio intangible de la humanidad registrado en la Unesco en 2009: sin tener relación alguna ni con la religión ni con el ayuno, esta comedia de sombras chinescas se representa casi exclusivamente en ramadán.

Pero, para que no se pierda la sensación particular del mes, una alcaldía local de Estambul ya ha prometido poner remedio a la ausencia de tamborileros: al alba enviará por el barrio vehículos municipales dotados de altavoces para despertar al vecindario.

Ilya U. Topper y Dogan Tiliç

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