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España acelera su presencia en Libia pese al frágil proceso de paz de la ONU

Túnez, 4 dic (EFE).- España ha trocado su política discreta y acelerado su presencia diplomática y económica en Libia, aprovechando el aparente paréntesis bélico y confiada en que culmine con éxito el proceso de paz que tutela la ONU, pese a los muchos obstáculos que aún bloquean el camino, incluida la injerencia de las dos potencias más influyentes: Turquía y Rusia.

Una estrategia que arrancó en septiembre con el viaje de la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González-Laya, a Trípoli -sede del gobierno sostenido por la ONU (GNA)- y a Al Bayda, ciudad que acoge al Ejecutivo no reconocido que tutela en el este el poderoso mariscal Jalifa Hafter.

Y que ha impulsado el nuevo embajador de España en Libia, Javier García-Larrache, quien en los últimos días ha viajado a Trípoli con una ambiciosa agenda en busca de acuerdos que permitan a las empresas e instituciones españolas participar en una eventual reconstrucción del estado, que se calcula multimillonaria tras más de una década de guerra civil.

"España apoya todos los esfuerzos que buscan superar este enfrentamiento", explicó a Efe el diplomático en Túnez, donde reside temporalmente.

"Nuestro país está incrementando la presencia en Libia, como muestra la presencia reforzada de la embajada en Trípoli" cerrada aún por inseguridad, agregó.

SEGURIDAD, DEFENSA Y ENERGÍA

García-Larrache, que asumió el puesto este verano, en pleno auge de la pandemia y con la tregua negociada por Moscú y Ankara ya en vigor, se entrevistó la semana pasada con el ministro de Defensa del GNA, Salaheddin Namrush; el de Administración Local, Abdelbari Shanbaro; el gobernador del Banco Central, Al Saddiq al Kabir, y el alcalde de Trípoli, Abdul Rauf Beit al-Mal.

Sobre la mesa, proyectos de Defensa -incluidos trabajos de desminado-, de Energía -tanto en hidrocarburos como en energías alternativas, especialmente la solar-, reconstrucción de infraestructuras y fortalecimiento de las instituciones financieras para espolear la inversión y neutralizar la economía corsaria que domina el país.

"Todos los meses se mantienen encuentros en Trípoli y otras ciudades con autoridades libias y se están abriendo interesantes perspectivas de cooperación en muchos ámbitos", argumentó.

"Éstas incluyen colaboraciones en terrenos como hidrocarburos, aviación civil, infraestructuras y comercio bilateral. Se estudian también posibilidades de cooperar en la reconstrucción, en ámbitos como el humanitario o el desarrollo local", agregó.

LA PAZ, UNA MONEDA AL AIRE

En paralelo, la multinacional Repsol también ha acelerado sus planes de expansión en el oeste, donde comparte la explotación de uno de los mayores yacimientos libios con la francesa Total, la austriaca OMV y la noruega Equinor, bajo el paraguas de la Compañía Nacional Libia de Petróleo.

La reunión se produjo unas semanas después de que Hafter ordenara levantar el bloqueo que impuso a la industria petrolera en febrero, y que desplomó la producción por debajo de 120.000 barriles diarios.

Y un día antes de que la enviada especial de la ONU, Stephanie Williams, viajara al golfo de Sirte, corazón de la industria petrolera y nueva línea del frente, para impulsar el proceso.

La diplomática estadounidense lidera desde el 9 de octubre un nuevo esfuerzo de paz sobre el que planean numerosas dudas ya que no cuenta con la presencia de los líderes de ambos gobiernos.

Williams ha conseguido pactar elecciones legislativas el 24 de diciembre de 2021 y facilitado que se recupere la producción petrolera -que ya supera los 1,2 millones de barriles diarios- pero parece aún lejos de consensuar ese gobierno de unidad que lidere la transición.

"Siendo un paso muy importante, aún quedan muchos obstáculos que superar, en un proceso sobre el que siempre se cierne la sombra de aquellos que no desean que se alcance una solución política", admite García-Larrache.

COMPETENCIA CON TURQUÍA Y RUSIA

Muchos de esos obstáculos están ligados a las ambiciones de Turquía, principal apoyo del GNA, y de Rusia, pilar esencial de Hafter, que mantienen negociaciones paralelas al margen de la ONU.

Especialmente Ankara, que además de enviar oficiales propios y mercenarios sirios, ha sellado contratos con el GNA en todos los sectores, en particular para la formación del que sería el futuro Ejército libio.

Tanto Turquía como Rusia socavan el pacto impulsado igualmente por Williams que pide la salida de esos soldados de fortuna y la suspensión de todos los acuerdos de cooperación hasta la formación del gobierno de unidad, maniobra que amenaza con arruinar el proceso de la ONU.

Y mantienen el soporte militar a las milicias rivales, que pese a la tregua aún operan en una línea del frente que sigue muy viva.

En este juego, España admite que acelera en Trípoli pero que también se acerca al este porque está convencida de que "los procesos de diálogo han logrado algunos avances que parecían impensables hasta hace pocos meses".

Javier Martín

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